Un periódico inglés, de esos serios de verdad, observó que Finlandia es el país con mejores calificaciones en la llamada prueba PISA (por sus siglas en inglés significa Programa para la Evaluación Internacional de Alumnos) en sus estudiantes de primaria e inmediatamente ordenó un reportaje al respecto partiendo de las evaluaciones que aplica la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico, la OCDE.
Se sorprendieron, menos horas diarias de clases con respecto a los países más atrasados como México, los niños son igual o más traviesos que el resto, también tienen problemas por divorcios, madres y padres trabajadores, aunque obviamente tienen mejores posibilidades de alimentarse sanamente y la pobreza casi no existe.
Al notar que los alumnos no eran la diferencia sustantiva, porque tan inteligentes son unos como otros, se fueron a evaluar la siguiente parte, los maestros, proporcionalmente encontraron que ganaban casi lo mismo de acuerdo al costo de la vida entre los países, aunque si el saldo era a favor de los finlandeses, que en números obtienen entre 29 mil y 36 mil dólares anuales.
La diferencia, sin embargo, se debe a que en Finlandia para dar clases en el nivel de primaria por lo menos tienen que aprobar el nivel de maestría y además someterse a estrictos concursos de plazas, y hasta pruebas de confianza y toxicológicas, de esas que tanto pavor le dan a los nuestros.
Otra diferencia más fue que en aquel país europeo los mentores están acreditados socialmente, ser maestro para ellos es un orgullo, un reconocimiento por la sociedad, mientras que en el resto de los países se toma como una profesión más e incluso como una actividad desprestigiada.
Resuelto el problema no se quedaron ahí, se fueron a checar la inversión en el sistema educativo y la calidad del mismo, otra vez perdió México, gasta mucho (en comparación a la propia Finlandia), en casi nada, y mal.
Entrevistaron para el reportaje, a muchos expertos del mundo, poco hay que agregarle a no ser la penosa queja por la situación en que nos tienen y que nadie se preocupe por mejorar.
Todo esto viene a colación porque ayer las redes sociales distribuían con mucho “orgullo” y poquitos con coraje, que un niño mexicano nacido en Michoacán sería recibido para estudiar una ingeniería en Física Cuántica en la prestigiada universidad de Harvard, en los Estados Unidos.
La nota de los periódicos de circulación nacional hablan de que Luis Roberto Ramírez Álvarez, de 11 años, originario de Zamora, Michoacán, tiene un coeficiente intelectual de entre 152 y 160, lo que en palabras llanas significa que tiene igual o mayor capacidad cerebral que la de Albert Einsten, que ese no necesita ni presentación.
Se explica que este niño prodigio a los cinco años aprendió inglés, y que ahora mismo, y por cuenta propia, estudia el chino mandarín y el francés, y que es uno de los tres chicos mexicanos que están en ese nivel de coeficiente intelectual, lo que le permite dar conferencias y otras actividades.
Entonces, aquí se dará cuenta del por qué la queja contra el magisterio, por la forma como se maneja el sistema educativo en el país, porque se carece de la capacidad para adiestrar a una mente brillante, porque seguramente fue más fácil que lo descubrieran en el extranjero que en México.
Ahí porque nos urge que se haga realidad la reforma educativa, porque urge que se vaya limpiando el sistema, para poder darle a los mexicanos mejores oportunidades para un futuro mejor.
Ya se sabe, son los maestros burros y la forma como se les contrata nuestro mayor problema, le sigue la forma ruin y perversa de manejar el sistema educativo, obvio, no es la totalidad, hay excepciones, pero ganan las mayorías.
Quizá al sistema le sea imposible despedir u obligar a los maestros a someterse a exámenes de control y confianza, de conocimientos, que presenten cedulas profesionales que acrediten su nivel de conocimientos de forma inmediata o a corto plazo, pero si empiezan contratando nuevos maestros con las características descritas para que le den clases a los niños de kínder, y luego a los de primero de primaria, y después aborden la secundaria, en unos 15 años se podrá solucionar nuestro problema de fondo, de lo contrario estaremos condenados para que todo siga igual, y ser los burros por el resto de nuestros días.
Hoy podríamos empezar a mejorar, tal vez sea un buen tiempo para que los maestros vayan sus 200 días a la escuela, y no ocurra lo que en muchas primarias y secundarias del país, incluya a las de Tamaulipas, donde ya les están dado vacaciones a los niños porque acabaron sus evaluaciones del último bimestre, eso, a más de tres semanas de que concluya oficialmente el ciclo escolar.
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