1.- Protección Civil, debe ser algo más que un sistema de auxilio a la población en casos de desastres, conviniera ser una cultura que activara en automático un procedimiento de ayuda; dicho de otra forma, pequeñas células (grupos de personas) con un coordinador, todos ellos voluntarios dispuestos a participar de manera inmediata y sin esperar a ser convocados, cada vez que se presente una contingencia.
En los recientes acontecimientos y los impactos que ahora se perciben hay muchos vacíos, uno de ellos es la recolección de víveres y artículos para el aseo personal.
Se han tardado mucho para convocar a los centros de acopio, tampoco es fácil que las personas se trasladen a un punto determinado para dejar su donativo; en cambio, de realizarlos en los planteles escolares de las diferentes colonias, todos los ciudadanos tendrían un punto cercano para acudir a entregar su aportación, los niños aprenderían a ser solidarios y además facilitaría la colaboración hormiga que de otra manera no habría.
Me voy a explicar, habrá quienes posean un auto y no tiene inconveniente para trasladarse a un lugar, que quizá hasta tenga problemas de estacionamiento, pero irán porque tienen la capacidad económica para hacerlo; pero hay quienes pueden aportar poco por razones de su economía, pero si el centro de acopio está en un centro comercial, a donde acuden a realizar sus compras o en el plantel al que van sus hijos, es más fácil su aportación.
2.- Protección Civil, como cultura debe de tener un Comité en cada comunidad por pequeña que sea; está claro que los municipios con menos de cinco mil habitantes, muchos de ellos desperdigados en pequeñas comunidades, no hubo quien llevara la voz de alarma y eso ocurrió en Guerrero, en Veracruz, en Tamaulipas y en todo el país.
No basta con tener un Coordinador Nacional, otro en cada estado de la República y uno en las cabeceras municipales; se requiere un sistema de enlaces que cubra la mayor parte de las comunidades, si no es que la totalidad de ellas, sobre todo las que ya están detectadas como zonas de riesgo; debe ser una cadena humana, que reciba la alerta y la trasmita y esto tendrán que ser ciudadanos con capacidad de servicio, no a sueldo y a los que cada año en el Día Nacional de Protección Civil los convoque para ratificarlos en el compromiso contraído o renovarlos si fuera necesario.
3.- Luis Felipe Puente, Director Nacional de Protección Civil en su estancia en Tamaulipas, anotó muchos puntos que harían una eficiente cultura de protección civil, ojalá que se interprete en toda su dimensión esta propuesta en la que el gobernador Egidio Torre Cantú, ha dado muestras de sumarse y adoptar las políticas recomendadas.
El mandatario estatal ahora está más preocupado en devolverse a Tamaulipas su competitividad con trabajos de rehabilitación y en coordinar la ayuda a los damnificados, que en reorientar la práctica de esta área del servicio público, pero alguien lo tiene que hacer; en ese sentido los alcaldes electos que en una semana más tomarán el mando de los 43 municipios, deben de analizar muy bien a quien le otorgan la responsabilidad de Protección Civil.
Desde nuestro particular punto de vista, la práctica de Protección Civil debiera de ser habilitada como un servicio de carrera, para lo que además de tomar en cuenta la experiencia, hay cursos y diplomados, así cómo otras capacitaciones que imparten la UNAM, la Universidad Nacional Metropolitana y muchas otras instituciones de educación superior del país. Así debiera ser, para no dejar todo en manos de la Divina Providencia.
3.- Aquí cabe comentar que la UAT, dentro de su política de formación integral a sus estudiantes, con la que siembran valores a las nuevas generaciones, entre ellas la solidaridad e identidad social, es una entidad activa en la cultura de protección y asistencia a la comunidad. Los universitarios están presentes apoyando a los damnificados de Tamaulipas.
La universidad como centro de investigación y de la práctica profesional, se convierte en la institución ideal para conocer su opinión calificada en todo lo que viene, como es la actualización del Atlas de Riesgos, para establecer donde deben construirse viviendas o instalar asentamientos humanos y donde no, ¿y por qué?. De los argumentos técnicos que presenten y de la eficiencia con que se operen los comités de protección civil voluntarios de cada comunidad, dependerá evitar desastres futuros.


