Ya llegaron, ya están apoltronados en sus cómodas oficinas, ya no saludan al vecino que siempre saludaban, ya traen carro nuevo, ya andan buscando amante.
Ya saben que el sol les da de frente, por ello se protegen con lentes oscuros para que además no sepan a donde dirigen su mirada.
Se sienten guapos y hermosas, algunos las dos cosas, saben que los buscarán diariamente así que desde el principio, aunque sea sólo uno el que lo espera afuera del privado, tiene que hacer antesala sentado, por los menos, media hora.
Alguien, no sé quien, inventó que una antesala llena es sinónimo de poder, mismo que se debe de ejercer sin miramientos, pues el tiempo es valioso y necesario para que los enanos, crezcan.
La mayoría de ellos no sabe que eso sólo dura tres años, piensan que será eterno el trato privilegiado y como si fuera epidemia a su esposa o esposo, a sus hijos y hermanos y hasta a los allegados, les incuban el virus de flotar en las nubes.
Si, su llegada triunfal es el resultado de su gran capacidad, aquí no importan banderas, sean azules o tricolores, pues hasta las amarillas sucumben al encanto del ejercicio egocéntrico del poder.
Estos especímenes nada raros, caen bien, pues cualquiera se imagina la debacle cuando el poder se acabe, cuando la ilusión fenezca.
Sí, ya llegaron y se sienten semidioses, son los nuevos funcionarios de los gobiernos municipales, mismos que hablan en voz alta por el teléfono celular en los lugares públicos, mostrando su ínfima educación, tan sólo por el placer de ser centro de atención momentánea.
Durante este periodo de envanecimiento público, perderán amigos auténticos, algunos hasta se divorciarán, buscando y encontrando consuelo temporal en su asistente de gran currículo, misma que lo abandonará cuando llegue el relevo y tenga ella que presentarle sus cartas credenciales al nuevo Jefe para sostener el empleo.
Historias que se repiten cada tres años, pero que para el grueso de la población resultan divertidas, pues siempre es agradable poder hacer leña de un bonsái caído.
Ya les lloverá, van a ver, porque es indudable que la lluvia provoca historias;………la secretaria contestó sin ánimo y con voz apagada, su interlocutor le preguntó que le pasaba y con el mismo ánimo le contestó, -estoy enferma-. Porqué? insistió el funcionario, y ella sin pensarlo dos veces dijo: -es que anoche me mojé-.
La enfermita escuchó el sarcasmo del otro lado de la línea, -…..MMMMMMM QUE RICO.


