HENRI DE TOULOUSE-LAUTREC

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Se recuerda sin prisas al Museo de Arte Contemporáneo de Tamaulipas, ubicado en Matamoros, pues hemos tenido la oportunidad de ver de cerca la mejor colección que se ha presentado, no sólo en ese espacio, sino tal vez en cualquier espacio del norte del país.

Parece increíble el poder tener a la mano esas joyas en las que se conjugan la modernidad y sus ancestros en un espectáculo intemporal que permite sondear los sentidos.

Con Miradas Verticales y Gestos Materiales, el MACT permitió explorar la conjunción como complemento natural, dos mundos unidos en una colección de antología que lleva al visitante del asombro a la pasión, porque recorrer las salas permitió encontrarse con uno mismo.

Los espejos estuvieron ahí, colgados de las paredes, en formatos pequeños para resaltar la grandeza de los trazos, y la ausencia de color que da brillo al alma del artista, mismo que seguramente pensó en usted al efectuar el trabajo.

Para poder embelesarse fue necesario acudir, no hay mejor oportunidad para enfrentarse a la sensibilidad que hoy y ahora, pues volver a tener acceso a ese tesoro tal vez sea imposible.

Desde la anterior colección ahí presentada que fue la de Homenaje al Lápiz, y esa bien pudo denominarse Homenaje al Papel, pues en ella quedaron demostrada cualidades extraordinarias para ser un vehículo de expresión artística sin limites.

En la planta baja se pudo apreciar trabajos interesantes de: Bruno Widmann, Roberto Matta y Jose Luis Cuevas, entre otros, trabajos realizados en la madre patria pero que cruzaron un océano para abrir las posibilidades de acercamiento entre dos generaciones y entre dos mundos.

Y en la planta alta, las joyas del Instituto de Artes Graficas de Oaxaca nos transportaron por la historia del arte en un viaje relámpago que nos indujo a buscar más con ansiedad inusual.

Se podía dar una y otra vuelta por la pequeña sala, que en esa ocasión se transformó en infinita, pues uno no llenaba de Chagall, ni de Dalí, ni de Durero.

El tiempo ahí se tornó imperecedero, las figuras adquirían relieves de impresionantes dimensiones y tenerlas tan cerca te hacía viajar en el tiempo, para volver a poner los pies en la tierra al percatarte de que como simple espectador uno forma parte de la historia.

El que tuvo tiempo fue y no se arrepintió, pues en el encuentro con la expresión artística no se necesita conocer la historia del arte, la sensibilidad no precisa de referencias objetivas.

Recuerdos viejos de cuando pudimos observar, aqui en Matamoros con detenimiento, las joyas creadas por el genio de HENRI DE TOULOUSE-LAUTREC.

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