Una densa niebla pospuso por alrededor de cinco horas la llegada el martes del USS Forrestal a la entrada del Canal de Barcos de Brownsville.
Justo cuando la niebla parecía disiparse, esta volvió a descender dando matices de dramatismo al espectáculo de su llegada. Una multitud de cientos de personas que se encontraban reunidas en Isla Blanca Park se redujo cuando fue evidente que la niebla no se disiparía rápidamente. Para mediodía, cuando la niebla finalmente se disipó, la multitud regresó.
Aproximadamente a la 1 p.m. el USS Forrestal – técnicamente el exUSS Forrestal – apareció por el norte del rompeolas como un enorme fantasma gris. Ya a la vista, la embarcación se acercó muy lentamente a la boca del canal, estirada por el remolcador Lauren Foss y guiado por dos remolcadores de cada lado y dos con cables adjuntos a la popa.
El barco, el primer súper portaaviones de la Marina, dominaba el canal mientras pasaba, destacando entre docenas de embarcaciones más pequeñas que estaban involucradas en mover al gigantesco barco o estaban allí como espectadores.
Entre los que fueron a ver el último viaje del Forrestal había muchos veteranos que sirvieron en el barco. Entre ellos estaban Don Crawford, de Fredericksburg y su amigo Clark Vaughan, de Denton.
Ambos hombres son de Alice. Amigos desde la preparatoria, los dos sirvieron como padrino de boda en la boda del otro, entraron en la Marina juntos en 1957 y sirvieron en la misma división a bordo del Forrestal hasta 1959. Crawford sirvió en la oficina legal y Vaughan en el taller de imprenta del barco.
Con la niebla todavía densa ayer temprano, Crawford dijo que se sentía muy honrado de haber servido a bordo del Forrestal y pensaba que era una lástima que el viejo barco, retirado del servicio en 1993, tuviera que ser desmantelado.
Después de ver al Forrestal pasar desde su lugar de observación sabre el rompeolas, Crawford dijo que no lo afectó tanto como esperaba.
“No se me salieron las lágrimas ni nada como eso, pero allí va”, dijo. “Allí va el fin de una era. Uno tiene que aceptar esas cosas”.
Crawford dijo que él y su amigo opinaron que el viaje había valido la pena.
“Clark pasó un buen momento contando historias”, dijo. “Clark podía hablar con el poste de una cerca”.
Otro veterano del Forrestal que asistió fue Barry Butts, que vino con su esposa, Terry, de El Campo. Butts, originalmente de Seminole, sirvió en el barco durante mediados de los años 1970.
Dijo que recuerda con cariño su servicio a bordo del Forrestal, que él comparaba con una “ciudad flotante”.
Un incendio catastrófico a bordo del Forrestal en 1967, ocasionado por un misil Zuni disparado accidentalmente, mató a 134 tripulantes y lesionó a más de 161. Veintiún aviones fueron destruidos. Tomó varios meses en muelle seco reparar el pesado portaaviones.
Al final, el tiempo y la antorcha de un desmantelador lograrán lo que el incendio de 1967 no pudo: La desaparición del Forrestal. All Star Metals, que obtuvo el contrato de la marina para desmantelar y reciclar el barco, espera que el trabajo tome alrededor de 18 meses.
El Nuevo Heraldo


