Acabó el sueño de Fox y Calderón para crear el Cártel de México, la detención en Mazatlán, Sinaloa de el capo más buscado del mundo, Joaquín El Chapo Guzmán, termina por fin con la era de intención de crear un solo frente delictivo, con fines más económicos que políticos.
En este país, con clara proclividad al escepticismo, desde la huida del penal de «Puerta Grande» en Jalisco del hoy más famoso capo del mundo, se presentó el análisis y la posibilidad de que su excarcelación de un penal de alta seguridad, obedecía mas a una genuina y calculada acción política que a una fuga espectacular.
Los movimientos en el mapa delincuencial se notaron al poco tiempo al provocarse escisiones en los grupos delictivos tradicionales y atomizarse mediante la fragmentación de todos los carteles que existían a principios de este siglo.
Fue notorio el que muchos de los policías federales, desocupados por el nuevo gobierno panista, se insertaron de inmediato al otro lado de la línea que divide la justicia.
Lo mismo sucedió en las policías estatales y en las municipales, el hecho que esto sucediera al mismo tiempo en Guerrero que en Michoacán, igual en Baja California que en Tamaulipas, no pudo ser obra de la casualidad, sino de una operación concertada con el único fin de dividir los mandos de los cárteles en su territorio.
Del 2000 al 2006, el éxodo de policías desplazados fue continuo y quienes estaban acostumbrados a mandar, al llegar a la estructura criminal, paulatinamente fueron ocupando los mandos, pero al mismo tiempo creando fuerzas internas de protección para los capos regionales.
Aquí en Matamoros fueron militares fugados quienes crearon el grupo de defensa del Cártel del Golfo, las crónicas de la época, cuando se podía escribir sobre estos temas, dan cuenta clara de que desertores del Grupo Aeromóvil de Fuerzas Especiales (GAFES) fueron los fundadores de los Zetas.
De esos 40 ex militares no queda ninguno a cargo, todos cumplieron la misión de fragmentar y dividir, no pudiendo llegar a atestiguar la llegada del cartel de Sinaloa a Matamoros.
Desde hace aproximadamente dos años se habla de la incursión de la gente de El Chapo en la frontera de Tamaulipas, comentarios todos soterrados, pero que tienen que ver con el enfrentamiento entre descendientes de quienes antes lideraban el cártel.
Sin aventurar escenarios posibles, los hechos del viernes tal vez den la oportunidad de regresar a contextos antiguos en el que los cárteles mercaban sin afectar a la población y en el que, por encima de ellos, estaba la banda de la charola.
Es tiempo de reconocer que la docena trágica y sanguinaria creada por Fox y Calderón, no modificó en nada el método de distribución en la alberca denominada USA.
La detención del tan famoso capo, traerá seguramente movimientos locales en Tamaulipas entre los mandos del crimen permitido, ojala por el bien y la tranquilidad de la población, estos no se den de forma violenta, sino desde la óptica de la cordura y la negociación comercial, aunque muchos quisieran saber quién es EL CHAPO DE MATAMOROS.




