Se le acabó la cuarentena a La Canora, la hermosa concubina de El Kalusha, después de ser revisada minuciosamente en el hospital para perros por fin regresó a su casa.
Desde el principio de su alejamiento se notó su ausencia, pues el perro nunca se distinguió por mantener el orden en el vecindario, al contrario, cuando quiso controlar los ladridos, estos le subieron de tono a tal grado que a lo lejos solo se escuchó su aullido lastimero.
Y es que es difícil tratar con perros hocicones y desde que el viejo llegó, su interés se centró en ver cuántas cachorritas podía cortejar, ya que nunca jamás le mostraron la caja de las croquetas.
La Canora, perra avezada en la insidia y en los chismes, antes de partir a ver al médico-ginecólogo-veterinario, tuvo a bien esconder la caja de galletas, por lo que para el perro fueron puros batallares al tratar de encontrarla.
Así se la pasó, de un lado al otro del territorio, prometiendo unas croquetas aquí y otras allá, pero sin lograr cumplir una sola de las promesas y eso fue razón suficiente para que el disculpara su falta de rendimiento, imputando a la perra la razón de sus desgracias.
La cuarentena de la perra La Canora fue forzada, esto debido fundamentalmente a que el Virus del Papiloma Humano ha dejado de ser privativo de la raza pensante, para atacar sin misericordia a las pobres, perras, zorras, gatas, leonas, tigresas y a cuanta hembra de cualquier especie se le atraviese.
El riesgo de contraer cáncer es enorme, ese virus es capaz de todo y hace crecer los ovarios de tal manera que las pobres perras después no pueden hacer sus rondines o si los hacen resultan muy dolorosos.
Cuando el veterinario me explicó lo que podía pasar, no hubo más remedio que internarla en la estación cuarentenaria con el fin de preservar su vida y desde luego la de El Kalusha, pues el médico me explica que éste virus se contagia fácilmente.
Me preguntó si la perra era promiscua, yo la verdad no me ando metiendo en la vida de las perras, pero con tanto perro cercano y ella tan apetecible no me pude hacer responsable, así que no hubo más remedio que internarla.
Se le acabó pues al perro su oportunidad de enseñorearse del territorio, durante su corto periodo de reinado demostró incapacidad completa para mantener su espacio y los valladares (obstáculos) fueron derribados.
El lunes llegó ella a su espacio querido, llegó tumbando caña, las caderas mas frondosas y su larga cola muy esponjada, dos ladridos bastaron para humillar a su antecesor, de aquí en adelante no habrá promesas, es mas no habrá más ladridos que los de ella.
De inmediato soltó la versión de que venció al papiloma, esto por si alguno se atreve a reverdecer laureles, por lo pronto se restablecieron las vallas, ya no tiene acceso nadie, solo los privilegiados que agachan las orejas y mueven con fruición la cola, los demás perros se mantendrán alejados de su espacio, sin posibilidad siquiera de acercarse a su ama.
En efecto, en la comarca, muchos ya comprobaron que LLEGÓ BRAVA LA PERRA.


