En el 2004, la fundación del Premio Nobel dio una gran sorpresa a la humanidad, pues celebró tener en sus archivos miles de cartas de apoyo para George W. Bush y Tony Blair, para contender, aunque usted no lo crea, por el premio nobel de la paz.
La revelación demostró que este mundo en el que vivimos, cada día se alejaba más de la sensatez que cualquier ente normal pudiera tener, si ya de por sí era difícil de entender que todo un pueblo eligiera al menos capacitado para gobernar, era todavía más increíble que miles en el mundo piensaran que la incursión bélica ordenada por la Unión Americana y el Reino Unido, basada en mentiras y falacias ya comprobadas, tuviera alguna justificación.
No me parece difícil de entender las cartas de apoyo que se enviaron entonces para apoyar la postulación de Juan Pablo II, o los apoyos expresados a favor la organización Ejército de Salvación, pues la humanidad entera fue testigo de calidad de los esfuerzos que se hacían diariamente por las buenas causas, independientemente de que tengan relación directa con la paz de la humanidad.
Pero lo que no tenía justificación alguna, y de ello dio cuenta la guerrilla en Irak, es que consideren que las naciones imperialistas en sus incursiones bélicas, preservan la paz mundial, pues independientemente de las atrocidades de cualquier dictador, la nación misma tiene el derecho inalienable de defender su territorio.
Hay quienes opinan, sin tomar en cuenta a las víctimas inocentes, que el mérito mayor de Blair y Bush, es haber derrocado a un “loco dictador” que ponía en riesgo a la humanidad entera.
Durante años, comisiones especiales de las Naciones Unidas, buscaron infructuosamente las armas químicas de exterminio en territorio Iraquí, esas que sirvieron de pretexto para iniciar la ofensiva contra Saddam Hussein.
Todavía hoy, siguen apareciendo nuevas evidencias de que la información obtenida para justificar la invasión, fue producto de un contubernio entre ambos gobiernos, en el que claro, se dispuso equitativamente del botín de guerra.
Afortunadamente se mantuvo la credibilidad en la validez del Premio Nobel, faltaba comprobar que el millón y pico de dólares, fuera destinado en efecto a quienes crean las condiciones de una verdadera paz mundial y no como pago a quienes ponen por encima de la bandera blanca, una pila grande de cadáveres, el premio lo recibió entonces la Keniana Wangari Muta Maathai..
Aquí en México en aquel entonces, miles por Internet que consideraron una verdadera burla la sola mención de Bush y Blair como prospectos, otros no lo consideraban así, pero se oponían terminantemente a un reconocimiento de esta naturaleza, aunque también es justo reconocer que un 10% de los participantes consideran al par de locos como merecedores del premio nobel.
Hoy al ver lo que sucede en Venezuela, no podemos más que decir que las cosas han cambiado mucho, EN 10 AÑOS.

