La letra con sangre entra…

La frase “la letra con sangre entra” se escuchó mucho allá por 1970, cuando los maestros abusaron del poder que les otorgaba la autoridad educativa, su liderazgo, y respeto que les tenían los padres de familia y a los niños educaban a base de reglazos, hay que decirlo, había orden, pero no de la manera más humana.

Frase y pensamiento erróneo, la letras se aprenden con una buena educación, con maestros responsables y que los padres de familia se involucren en las tareas educativas de sus hijos, les inculquen valores con disciplina, pero además, que estén pendientes del trato que se les da en los planteles educativos a los pequeños, porque lo que los niños viven su infancia y sus inicios escolares les puede marcar para toda la vida.

En tiempos pasados los padres de familia les conferían toda la autoridad a los maestros para educar rigurosamente a sus hijos durante el tiempo que permanecían en las aulas porque la educación en valores y religiosa se daba en casa.

Los maestros eran considerados una autoridad entre la comunidad, su voz era escuchada y participaba en las decisiones importantes y los padres de familia no discutían las acciones de castigo que imponían a los estudiantes, claro, la mayoría de los educadores eran personas comprometidas con su labor educativa, preocupados por sus alumnos, y hasta se ocupaban de que se tuvieran acuerdos entre los vecinos, igual es verdad que algunos profesores defraudaban la confianza que se les otorgaba y abusaban sin que nadie les denunciara o castigara.

Seguramente muchos de los que pasan de los 40 años sintieron, o vieron, el jalón de orejas, el castigo de pasar al pizarrón y les dibujaran con gis unas enormes orejas de burro, el estar en la esquina del salón hincados en fichas o piedras, o que les lanzaran el borrador por la cabeza, la insolación después de horas parados en el patio de la escuela en pleno sol, el reglazo en los nudillos de las manos, el metrazo por la espalda, mientras los que recibían esos crueles castigos solo se encogían de hombros y aguantaban la barbarie, además soportaban las burlas de sus compañeritos, que con crueldad le llamaban burro.

Esos si eran castigos que merecían una sanción y dignos de denuncia, pero los padres de familia poco se quejaban, al contrario, le daban la autoridad al maestro para que repitiera la acción si el niño tenía mal comportamiento.

¿Hasta dónde se debían de permitir esas acciones?, claro que debían tener un límite, en todos los tiempos los niños merecen ser cuidados y educados con respeto, la violencia solo engendra violencia, las humillaciones se convierten en frustraciones, incuban rencores que terminan en venganzas contra quien sea y eso jamás, en ninguna época, puede ser bueno.

Se decía que antes se tenía mejor educación, pero también es verdad que los padres tenían más control de sus hijos, además, muchas cosas no se denunciaban porque igual siempre han existido maestros abusivos.

La situación era que los padres de familia tenían más control y atención a sus hijos, no todo el éxito de la paz social era de los maestros porque lo cierto es que siempre se han tenido abusivos, muchos que hasta violaban a sus alumnos y no eran denunciados por miedo.

Lo bueno es que ahora los niños conocen sus derechos y denuncian, las redes sociales también son una herramienta para ventilar abusos e inconformidades, lo malo es que a veces se abusa y que también los padres nos hemos relajado en la educación básica de nuestros niños.

En ocasiones le damos más importancia a nimiedades que al atender, escuchar, aconsejar y educar correctamente a nuestros niños sin darnos cuenta que el descuidarlos puede ser fatal y no reaccionamos hasta que sucede algo, y todo porque descuidamos la responsabilidad más importante que tenemos, el ser padres, y ahí es donde surgen los problemas para nuestros hijos.

Cierto, en estos tiempos la mayoría de las madres trabajan, se han convertido en proveedoras, y además les toca atender las labores del hogar, pero eso no exime de responsabilidades con los hijos a los que se les debe dar tiempo de calidad cuando no se puede en cantidad, así tendremos niños felices y se verá reflejado en un buen desempeño escolar y comportamiento social, de paso evitaremos que se les violen sus derechos y sufran atropellos que pueden despertar acciones negativas.

¿A qué viene todo esto?, a que los medios de comunicación y redes sociales mostraron la acción anti pedagógica de una maestra de Hermosillo, Sonora que engrapo una nota en la camiseta de un pequeño de apenas 6 años con una leyenda que decía “soy mitotero”, y un dibujo de una carita de enojo, situación que despertó el coraje de la madre del niño que se preocupó por tomarle fotografías, subirlas a las redes sociales y denunciar el hecho.

Reprobable la acción de la maestra porque es una manera de humillar al niño y provocar que sea la burla de sus compañeros, pero también la pregunta es si la madre del pequeño, así como se ocupó de tomar las fotos y subirla a las redes, se ocupa de la educación de su hijo, si está al pendiente de lo que sucede en clases, de su comportamiento, sus valores, o si tiene un problema de aprendizaje, o físico, porque es obvio que algo sucede en la escuela, con la profesora y con la conducta o salud física y emocional del menor.

Claro que la maestra merece ser castigada y si se le descubren más acciones de ese tipo hasta despedida y boletinada para que no sea contratada, ni particularmente, pero se debe investigar que sucede en la casa del niño, el comportamiento de los padres, si están pendientes de él, si le dan buen trato, buenos ejemplos, si saben de sus necesidades o preocupaciones.

La educación de los niños es un trabajo en conjunto y coordinado, padres y maestros, así se vigilaran unos a otros, la comunicación es básica para que se tenga un mejor entendimiento, mejor rendimiento escolar, niños felices y sociedades afables, en síntesis, en estos tiempos el bienestar, educación y desarrollo de las nuevas generaciones es tarea de todos, de los padres, maestros, y los niños, y es por el bien de todos.

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