Es difícil escribir en situación tan triste, la sensibilidad de la sociedad se va perdiendo cuando ya no resiente la muerte de los policías, si bien es parte de su obligación poner en riesgo su vida, no deja de ser lamentable que en situaciones de riesgo nadie se pregunte por ellos.
Perder cualquier vida es lamentable, en esto no veo diferencia en si fue inocente ciudadano, policía cumpliendo su deber o un simple malandro que pensó que con una arma en la mano resultaba inmortal.
Cada día son mas jóvenes los caídos, de uno o de otro bando, incluyendo a los fortuitos, los que solo pasaban por ahí, donde se dio el encontronazo entre bandidos y policías.
En las redes sociales donde cada día hay más robots opinando, solo descalifican a las autoridades, pero nadie pregunta por los familiares de los caídos, vamos en algunos casos ni siquiera el nombre importa, pues la intención no es crear conciencia, sino sembrar temor, convertirlo en pánico y negociar prebendas.
La masa deshumanizada que provoca sentimientos encontrados, tiene más tiempo y espacio para lanzar improperios, para opinar sin sustento, para descalificar cualquier esfuerzo y para minimizar a las fuerzas del orden.
Querían información, se les dio, ahora quieren resultados inmediatos y no están dispuestos a esperar ni un solo día, pues la contundencia de la información manejada al antojo por los emisores robots, se valen de fotos que no corresponden, pero que logran crear psicosis colectiva y que se presta de maravilla para sentar las bases de una futura elección a modo y gusto de los robots contratados.
Nadie siente nada cuando son policías federales los caídos, el subconsciente indica el camino para procesar esa información y por lo general se concluye que lo que le sucedió, lo merecía.
Todos están coludidos, expresan en el anonimato de las redes sociales y logran hacer pensar eso mismo a muchos, aunque el sentido común nos diga que eso es imposible y que hay y existen verdaderos luchadores contra el crimen.
Y esos policías que vinieron de otros estados, allá en su origen tienen esposa, hijos y familia que nunca recibirán un pésame o un agradecimiento por haber venido a estas tierras a luchar contra el crimen.
La pregunta está en el aire, si son los mismos, por qué mataron al recién nombrado Jefe de Inteligencia de la Secretaria de Seguridad Publica de Tamaulipas, que respondía al nombre de Salvador Haro Muñoz?
Respuesta habrá contundente, no me queda la menor duda, mientras los partidos le saquen provecho a una crisis que afecta a todos, pero que ellos quieren capitalizar a como dé lugar.
No viene al caso, pero mi amigo Luis Guillermo Cota desde el D.F., sin escuchar al senador por Tamaulipas que muere de ansias, me dice sin emoción, pero con suficiente información que: CON MADERO ASAN CORDERO.


