Desde hace varios años la sociedad se ha preocupado por la cultura como medio de contención al narcotráfico, de hecho en el 2011 leí las declaraciones de el director de Información en Ciencia y Tecnología de Brasil, Emir Suaiden, sugirió combatir la denominada brecha digital en América Latina, pues consideraba que la población excluida de la sociedad de la información sería tomada por la mafia y el narcotráfico.
En aquel entonces se habló de un «momento decisivo» en el que cabían dos opciones: «o acercar a los excluidos a la sociedad de la información o que el narcotráfico se acerque a ellos y se los lleve».
Hace dos años en América Latina apenas un 20% de la población se podía considerar dentro de la sociedad de la información, donde «se hablaba mucho de producción científica, de patentes, de calidad de vida», y en contraste, al «otro lado de la orilla», lo que imperaba era «la inseguridad, la industria del crimen y los secuestros».
No ha cambiado mucho América Latina, desde entonces Suaiden decía, que: «Hay que construir un puente para llevar a los excluidos a ser incluidos, o de lo contrario nos tendremos que acostumbrar a la violencia.
Estas reflexiones genéricas de nuestro continente, nos deben de hacer pensar en el México que queremos, pero para convertir esto en realidad, la sociedad en general deberá comprender que aunado a la educación y a la cultura, deberá de cambiar su postura con respecto al pago de los servicios.
No podemos negar que la fuga de cerebros se ocasionó por la falta de incentivos económicos y si bien el sueño americano atrae sobre todo a quienes menos educación tiene, justo es hacer un análisis en el que tal vez se deban sacrificar utilidades a fin de mejorar las oportunidades en nuestra patria.
Mejorar las condiciones de vida no es un trabajo exclusivo del gobierno, los empresarios, inversionistas e industriales deberían de poner en la balanza las opciones que tienen, pues por ambición pudieran estar apostando algo más que su vida.
En este país los únicos profesores bien pagados son los que tienen beneficios sindicales, fuera de ese entorno de privilegio, los maestros más calificados son quienes menos posibilidades tienen de crecer en el aspecto económico.
Cosa que no sucede en los países del primer mundo.
La tendencia es mejorar los salarios de los policías, lo cual es bueno, pero incompleto, si no se toma en cuenta a quienes educan, pues tanto daño hace el que delinque como el que cae en las garras del crimen, para servir desde presta nombre hasta asesor en inversiones o lo peor, socio oculto de doble moral.
El desprecio a la inversión en cultura se paga caro, el olvido a los creadores culturales genera más violencia, estas son contundentes respuestas a la falta de visión y a la desmesurada ambición.
Si no se interpreta la cultura como motor económico, si no se deciden por mejorar los salarios, si no se olvidan de sus ambiciones, si no se comprometen a combatir la doble moral, tal vez muy pronto veremos A MUCHOS CORRER.


