Desde lo más profundo del pensamiento, de la imaginación y desde la oscuridad ante la fascinación de una magnífica escritora, nace un nuevo ser con sentimientos encontrados, casi confundidos, amor, dolor, odio, venganza. De la fantasía, del terror, del miedo y de la pesadilla, surge “Frankenstein, el moderno Prometeo”.
Gracias a Mary W. Shelley hoy tenemos a uno de los personajes clásicos del terror, un monstruo cuyo destino y nombre se desconoce por completo, ya sea en la ficción o en la realidad.
En 1816, en los al rededores de Ginebra, un grupo de poetas y escritores se reunieron en una noche fría y de lluvia torrencial. Alrededor de la hoguera y esperando a que pasara el mal tiempo, daban rienda suelta a la imaginación para crear narraciones terroríficas y relatos sobrenaturales.
De éste grupo destacaban el poeta Lord Byron, su secretario y amigo John Polidori; el poeta Shelley y su joven esposa de 19 años, Mary.
De esta reunión, únicamente Polidori y Mary se consagrarán con sus relatos; el primero será el padre de “El vampiro”, mientras que ella concebirá un ente terrible: “Frankenstein”.
La novela es una narración romántica de sentimientos extremos donde lo bueno y lo malo se confunde totalmente gracias a la inexperiencia de un ser creado por un científico obsesionado con su trabajo; y a pesar de no saber cuál es su misión, el monstruo crea su propio juicio y criterio exponiendo argumentos filosóficos, sin siquiera verlos de ésta manera.
¿Quién es la víctima realmente?
Al final, Mary no nos deja claro si la criatura vive o muere en los glaciares, es la única incertidumbre en toda la narración, por lo demás, puedo decir que la novela fue una de las pioneras del terror y ahora es considerada junto con su personaje, clásicos de la literatura y el horror.




