El poeta enamorado de la muerte

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Los invisibles átomos del aire
En derredor palpitan y se inflaman;
El cielo se deshace en rayos de oro;
La tierra se estremece alborozada.
Oigo flotando en olas de armonía
Rumor de besos y batir de alas;
Mis párpados se cierran…¿Qué sucede?
¿Dime?… ¡Silencio!… ¡Es el amor que pasa!

Esto lo escribió Gustavo Adolfo Bécquer, pero no sé en qué momento de su vida lo padeció.
Uno de los poetas más enamorados, más agobiados, desdichados, pero tan románticos viviendo una vida llena de sinsabores.
Pero con esto nos demuestra la sencillez, la pureza y la genialidad de una mente brillante y de un corazón lleno de sentimientos. Pero como todo poeta, tuvo que pagar el precio de su sentir, pues cuando se es poeta, debemos pagar un precio muy alto, pues éste privilegio lo pagamos con la soledad, la depresión y la muerte, además, nos acostumbramos a soñar y del choque de la realidad y la irrealidad, proviene la nostalgia y la melancolía.
Pero Bécquer, a pesar del sufrimiento y la tristeza que lo agobiaba, supo desempeñar a la perfección éste privilegio, y es que fue tan criticado por su sencillez, y en esto nos lo demuestra:
“¿Qué es poesía? Me dices mientras clavas/ en mi pupila tu pupila azul/ ¿Qué es poesía? ¿Y tú me lo preguntas?/ Poesía… eres tú.”
No cabe duda que nosotros los poetas, vemos la verdadera realidad y no nos dejamos influenciar por esta falsa dimensión, y es que en ocasiones somos extremadamente empáticos con el mundo entero, que sufrimos hasta el dolor del último mártir de la tierra. No digo que deba ser siempre así, pues hay poetas y escritores, que prefieren dar a conocer sus obras de superación personal, que sinceramente, hay algunos que no me agradan.
El ser poeta, puede ser mal visto por algunas personas, y es que nos tachan de soñadores y que nunca vamos a llegar a ningún lado por lo mismo; nos tachan de depresivos, cuando son ellos los que provocan nuestra tristeza.
Debo decir que en estos momentos no estoy triste, pero es algo que afortunadamente, tarde o temprano nos hace madurar.
Muchas veces traté de renunciar a éste privilegio, pero me he dado cuenta que con esto puedo hablar lo que siento y lo que pienso, como lo hizo Bécquer, uno de mis poetas favoritos. En su tiempo no fue muy reconocido, por ello mismo que en aquel entonces, discriminaban mucho a los poetas, escritores y novelistas. Personas resentidas, enamoradas, con frustraciones y delirios provocados por las injusticias humanas. Personas que al morir nos han dejado la mayor herencia, cultura, literatura y poesía.
El mismo Bécquer lo dijo: “Podrá no haber poetas; pero siempre habrá poesía.”
Ese es nuestro legado.

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