DON JORGE

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OPTIMUS
Jorge Alberto Pérez González
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Hay de perros a perros, la raza no importa, lo que verdaderamente define a los canes es su «perronalidad».

Muchos se distinguen por sus acciones, otros se definen por sus actitudes, pero todos demuestran que tienen gran sensibilidad y mucha, mucha inteligencia.

En mi vida he tenido muchos compañeros perrunos, de todos me acuerdo, el primero fue «Roko» un bonito Boxer que enseño a caminar a mi hermano, posteriormente pasaron una cantidad enorme de canes que han hecho más placentera mi vida.

Ringo, Nieves, Uganda, Freesby, Blacky, Loco, Trosky, Kalusha, Naomi, las gemelas Venus y Serena, Canora, etc. etc.

Muchos de esos nombres se repitieron, pues a veces dejaron herencia suficiente como para sustituir a sus progenitores. De todos guardo un gran recuerdo, pues su fidelidad siempre estuvo comprobada, ninguno me mordió la mano, ninguno me dio la espalda y todos me escucharon atentamente cuando les explicaba que debían compartirme sus historias para que los lectores sonrieran y para que compararan a su perros con los que estas líneas compartían.

Ser perro no es fácil, por ahí alguien dijo hace tiempo se le ocurrió hacer un experimento interesante y que en plena canícula, había encerrando a su esposa y a su perro en la cajuela del carro por espacio de dos horas y que el resultado comprobaba la lealtad de su inseparable amigo.

Al abrir la cajuela después de cumplirse las dos horas, es fácil comprender quien estaba contento de verlo, quien movía la cola con ansiedad y quien lo besaba con fruición.

No le recomiendo a nadie hacer este experimento, mi amigo terminó divorciado y sin perro, pues la señora además del carro, los muebles y los hijos, también se llevó al cariñoso can.

Ella le contó al juez el incidente y dijo que temía por la vida de ese pobre animalito al lado de un loco de atar. Algo exagerada la señora, pues el perro después de besarlo se tomó dos litros de agua y recuperó sus fuerzas.

En fin, tendré que pasar a contarles cosas tristes.

Nombres y Sucesos una columna de obligada lectura para quienes aspiran en política, se ha quedado sin escribidor, Don Jorge Rodríguez Treviño, un matamorense ejemplar, se ha ido al más allá, para escribirle algunas líneas al Supremo Creador del Universo.

Su aguda prosa ya no podrá en esta tierra ilustrar a los poderosos, ya no habrá novel político que pueda abrevar de sus sabias palabras ni tampoco tendremos oportunidad de aprender, los que tratamos día a día de corregir el destino mediante el uso de la línea ágata.

Me brindó su amistad y quedé en deuda con él, me duele su partida pues fueron muchas horas de platica ya que compartíamos el mismo cardiólogo.

A veces el corazón se cansa, deja para la posteridad un cúmulo de enseñanzas en sus interesantes colaboraciones en los diarios, ahí podremos aprender muchos de lo que es un guante blanco, ese que sacude con la fuerza de un huracán, la conciencia y la vergüenza.

Se adelantó en el camino, espero algún día, cuando el destino me alcance, poder enviar desde allá, una crónica de un café celestial, donde quede plasmada, la admiración y el respeto que me merece DON JORGE.

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