Por Pegaso
Volaba yo muy quitado de la pena allá, por el rumbo del zoológico de Reynosa, viendo desde las alturas al cebrazno que nació hace algunos meses y que causó sensación por ser el tercer híbrido de cebra con asno que nace en cautiverio, cuando me enteré de la triste noticia del fallecimiento de su promotor, Alfredo Moreno Ricart.
No lo conocía mucho. Es más, si estuve tres veces frente a él fueron muchas, pero su preocupación por la naturaleza lo hizo ganarse mi afecto, definitivamente.
Y es que pocas gentes en Reynosa están tan comprometidas con el medio ambiente como lo estuvo el conocido empresario reynosense, al establecer aquí un terreno de aproximadamente tres hectáreas, ahí, junto al río Bravo, para que las personas pudieran ver algunos animales exóticos y otros no tanto, casi casi en su estado natural.
Y en su rancho Naburu, localizado por la carretera a San Fernando se pueden ver en estado salvaje varios cientos de ejemplares más, pero ese es un santuario privado al que sólo la familia y algunos invitados pueden visitar.
Decía que en el zoológico hay animales de varias especies que pueden ser admirados por la población en general, a cambio de cincuenta devaluados pesos (menos de tres dólares por persona).
Tuve la oportunidad, el sábado anterior, de dar un paseo por ese lugar.
En primer término, te ofrecen un zafari de una media hora de duración, con un recorrido en un pequeño autobús descubierto, acompañado por una veintena de personas igualmente entusiasmadas.
Si quieres, puedes comprar una charola de alimento para los animales que incluye trozos de zanahoria, tortillas, granos de maíz, sorgo y salvado, que puedes darlo tú mismo en la boca de los animales que te salgan por el sendero.
El primero que sale al camino es un búfalo africano, seguido de un bisonte.
Más adelante aparecen los glotones avestruces y la camello llamada «La Chilindrina». También se puede ver al cebrazno con su mamá «Rayas», muy quitados de la pena, comiendo lo que les ofrecen los visitantes.
Estos pueden observar a media distancia los ciervos tipo Bambi, un borrego americano y una bandada de gansos.
En la «granja del tío Tom», se complementa con gallinas, pavos, caballos ponies y un imponente tigre de Bengala, así como una exhibición de repitles: una boa constrictora y cuatro o cinco iguanas.
Recuerdo que Moreno Ricart se presentó en una rueda de prensa donde estuvo una señora de una fundación para apoyar a niños con cáncer.
Fue en el restaurante La Estrella, frente a la plaza principal.
El empresario fue entrevistado y notificó que en breve el zoológico de Reynosa recibiría la donación o entrega en custodia de varios tigres por parte de un circo nacional.
Como ya se sabe, por ley los circos deben deshacerse de los animales salvajes y ya no utilizarlos más en el espectáculo.
Moreno prometió una rueda de prensa donde se formalizaría la entrega de los felinos.
El destino no lo quiso así.
Viene ahora el dicho estilo Pegaso: «Debe reconocerse la labor sobresaliente del individuo mientras mantenga el aliento vital». (En vida, hermano, en vida).
Volveré.


