AL VUELO-Ludopatía

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Por Pegaso

Andaba yo haciendo cabriolas allá, por la orilla del río Bravo, cerca del puente Reynosa-Hidalgo, cuando ví algo que me llamó mucho la atención: un nuevo casino de juego.

Y no es que esté en contra de la operación de dichas empresas, de hecho, considero que México, sumido en una profunda crisis por la caída del precio del petróleo, tiene ante sí una oportunidad de oro para salir de la depresión económica.

Corría el año 1999. Recién desempacado de California, un amigo mío del cual no voy a decir el nombre para que ustedes lo adivinen, venía con un novedoso proyecto: instalar un casino en Reynosa.

Con una inversipon de 12 millones de dólares, se perfilaba para ser un megaresort tipo Las Vegas, y de hecho, el financiador del proyecto era un gringo que tenía un casino de mediano tamaño en aquella ciudad.

Pues bien, me tocó acompañarlo en cierta ocasión a la Cámara de Diputados para cabildear entre los legisladores sobre la posibilidad de instalar el complejo, contando con todos los permisos que la ley exige.

La votación fue en contra de modificar la Ley de Juegos y Sorteos, y el proyecto se vino al traste.

Con el paso de los años se retomó el tema, apareciendo en muchas ciudades fronterizas una gran cantidad de casinitos, los cuales no cumplieron con los lineamientos y fueron clausurados.

En Reynosa se cerraron tres.
Más adelante, ya salvados algunos obstáculos legales, empezaron a surgir otras empresas de juego en Monterrey, Tijuana y varias localidades, entre ellas, Reynosa.

En la actualidad existen tres en operación, y todas ellas son muy exitosas. Pueden verse casi todos los días camiones de línea o vehículos particulares de donde bajan las ancianas ludópatas de clase media alta y alta, tanto de éste lado como del otro lado de la frontera.

Pronto, según veo, el cuarto casino entrará en operaciones.
Reynosa tiene el potencial para convertirse en Las Vegas de la frontera, me decía mi amigo, y eso es verdad.

Las Vegas, en el siglo antepasado era sólo un páramo salpicado por algunas vegas o puntos de vegetación, de ahí su nombre.

Pronto, gracias a la legalización del juego, en 1931, gozó de gran popularidad, construyéndose los primeros casinos y finalmente los fantásticos megacasinos, que además ofrecían diversión, hospedaje y comercio.

Por cierto, la ciudad actualmente está regida por Carolyn Goodman, quien fuera candidata independiente.

Aquí está el refrán mexicano estilo Pegaso: «Llegué a mi límite en el juego de azar» (Hasta que
pude aposté).

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