AL VUELO-Mañosos

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Por Pegaso

Volando entre las nubecillas viajeras tuve la oportunidad de ver cómo se las arreglan los panistas para elegir a sus representantes.

Un partido que predica la democracia, que critica al gobierno por prácticas corruptas, que escupe para arriba, demostró lo bien que aprenden las malas mañas de los priístas.

«El consorcio», «el cártel político»… así los llamó el fallido candidato a la dirigencia nacional, Javier Corral Jurado, cuando vino a Reynosa a tratar de ganar algunos adeptos a su causa perdida.

«Unete a la rebelión de las bases», era su eslogan.
En Reynosa, los principales grupos políticos se unieron a la cargada para sacar adelante, por mero trámite, el triunfo de Ricardo Anaya Cortés.

Los Panchos (ojo, no se trata del famoso trío) Cabeza de Vaca y Garza De Coss, el diputado Humberto Prieto, Maki Ortiz, Leonel Cantú y García Vivián, otrora grandes enemigos que se aventaban hasta el molcajete se amalgamaron una vez más para arrasar a unos cuantos inconformes, encabezados por el exregidor Miguel Angel Hernández Zedillo.

La votación fue apabullante, arrasadora. Un verdadero robo en despoblado: 1,123 votos de Anaya contra 83 de Corral.

Durante la rueda de prensa a la que el miércoles 12 de este mes convocó Javier Corral, se le preguntó cuántos panistas había en el padrón y no supo decir.

Momentos antes había dicho que la lista era dudosa y que sospechaba que la habían inflado.
No traía en el morral ningún dato duro.

Yo le pregunté si eso era lanzarse como El Borras a un proceso donde es necesario conocer toda la estadística habida y por haber, pero en lugar de contestarme el colega Corral con una sonrisita condescendiente, me miró con torva faz y me dijo: «Pegaso, yo te respeto mucho, pero no me gusta que me compares con El Borras».

Y bueno, su destino ya estaba escrito. Este émulo de El Bronco fracasó estrepitosamente, víctima de los oficios de «el consorcio», o el «cártel político» del PAN, como él lo llamó.

Ahora bien, ¿qué le espera a Tamaulipas con el triunfo de Anaya?.
De entrada, me queda claro, clarísimo, que el «joven maravilla», como le llaman sus correligionarios, llegó a la máxima representación panista por la gracia del sistema.

Robin, perdón, Anaya, es un político a modo, de tal forma que habrá sólo algunos cambios en la relación con el poder.

En nuestro Estado, por otro lado, se avecina una tormenta, como dice Linda Hamilton en la primera parte de la película Terminator. Una tormenta azul. Con cuernos.

Los dejo con el dicho estilo Pegaso: «En ocasiones resulta más aceptable relacionarse con un individuo del que se tiene conocimiento previo, que otro del cual desconocemos su comportamiento futuro». (Más vale malo por conocido que bueno por conocer).

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