Por Pegaso
Andava yo volando allá, por la colonia petrolera, cerca de mi Alma Mater, el CBTIS 7, donde tuvo lugar el evento de conmemoración del 250 aniversario del natalicio de don José María Morelos y Pavón, «El Siervo de la Nación».
¿Que por qué se hizo en esa escuela en particular? Pues porque el edificio lleva el nombre del generalísimo desde hace más o menos seis o siete años.
No lo niego. Ver de nuevo a mi escuela, muy cambiada por cierto, siempre me trae gratos recuerdos.
Cuando era un pegaso bisoño, en la década de los ochenta, por ahí correteaba junto con mis cuates del alma.
Era director un individuo alto, de bigotito estilo Jirafales, el cual tenía una memoria prodigiosa, gracias a un método de mnemotecnia que consistiía en relacionar los nombres de las personas con una prenda o un razgo particular.
Por ejemplo, durante el primer día de clases, en 1979, llegó el ingeniero Juan José Espinosa rosales-así se llamaba- hasta nuestro salón de clases.
Pidió a todos que le dijéramos nuestros nombres y al terminar, los volvió a decir sin titubear.
Un año después, ya cuando me había ganado algo de su confianza, le pregunté sobre el método que utilizaba para memorizar tan asombrosamente los nombres, y me dijo:
-Yo relaciono cada nombre con algo característico, por ejemplo, tú ese día traías un paliacate en el cuello, entonces relacioné: «Pegaso-paliacate» y así, sucesivamente.
Yo me quedé con el ojo cuadrado.
Ya en el último año le pregunté: «Profe, batallo mucho para el cálculo, ¿qué me recomienda?»
Sus sabia respuesta fue: ¡Pues cámbiate la cabeza!
Recuerdo, y algunos de mis compañeros también lo harán, que en aquel entonces andaba yo en la onda esotérica.
En cierta ocasión me dio por dar una conferencia sobre OVNIS en la sala audiovisual y mi sorpresa fue que el lugar se abarrotó.
Total, terminé la prepa. El día de la graduación tocaron las golondrinas y a todos nos salieron las lágrimas, y más cuando nuestro padrino de generación, el entonces poderoso líder de la Sección 36, Ernesto Cerda Ramírez, «El Gato», nos prometió que todos tendríamos trabajo en PEMEX.
Y ahí me tienen al día siguiente, haciendo cola en su casa de la colonia petrolera. Era una cola de chorromil transitorios y familiares de trabajadores que esperaban que la gracia del líder les concediera una ficha.
Ese día tuve que regresar a mi casa porque dijeron que «El Gato» ya no atendería, así que a la mañana siguiente ahí me tienen de nuevo, en la cola.
Finalmente pude ver al personaje y le dije mi intención.
Su respuesta fue una sonora carcajada y después me dijo: «¿Ves a todos estos que están aquí? Son familiares de trabajadores que están esperando trabajo. ¡El que sigue!»
Y así rompió mis ilusiones juveniles. Desde entonces tengo una cierta aversión hacia los líderes petroleros.
La historia del CBTIS 7 no termina ahí.
Gracias al milagro de la tecnología nos hemos vuelto a reunir varios de los viejos compañeros, con algunos kilos de más y un poco de pelo menos, pero ahí estamos.
En la Navidad del 2013 nos reunimos treinta y dos, en la del 2014 fuimos un poco más de veinte.
Viejas historias y mucha nostalgia.
Eso es lo que ocurre cada vez que visito mi Alma Mater.
Aquí les dejo el refrán estilo Pegaso: «Me es imposible prescindir del símbolo cristiano de la crucifixión correspondiente a mi prelatura». (No niego la cruz de mi parroquia).


