Por Pegaso
Andándome yo paseando por las fronteras del norte…¡upssss! Otra vez se me olvidó que esa es una canción del Piporro.
Bueno, andaba yo en vuelo libre por allá, por la colonia Rodríguez porque me empezó a llegar un aroma peculiar a carne asada, pero no atinaba a descifrar si era de res, de puerco o de borrego.
Total, la curiosidad me hizo aterrizar, y cuán fue mi sorpresa: había una degustación de platillos elaborados a base de ¡caballo!
Casi me da el tamafat porque, como se sabe, yo soy un pegaso y los cuacos casi casi son mis primos.
A pesar de todo, entré al asadero de Mario López para ver cómo la raza reporteril y alguno que otro colado recibían los exóticos platillos preparados por un chef, según Gildardo López Hinojosa, presidente de la Asociación Ganadera local y principal promotor de la carne de equino en Reynosa.
Se colocaron varias charolas en una mesa conteniendo guisos tales como cortadillo, carne para tacos, albóndigas y hamburguesas.
Todos estaban curiosos por probar los opíparos manjares.
Unos jovenazos estaban al parecer, transmitiendo en vivo, porque uno de ellos que traía una barba de pirata dijo: «¡Estamos en vivo desde este lugar viendo cómo se prepara la degustación de carne de caballo. La verdad es que no sé si huele bien o mal».
Su compañerita, con el micrófono en mano decía: «¡Ay, estoy nerviosa!»
El primero en entrarle fue Gildardo López y en seguida el resto de los comensales hicieron los honores.
-Pegaso, ¿no vas a probar la comida?-me dijo Gil.
Y bueno, recordé que no soy un pegaso de verdad, así que tomé mi plato y me serví un rico cortadillo, dos albóndigas y un poco de carne para tacos, acompañado todo con una copita de vino tinto.
Para empezar, la consistencia, el aspecto y el sabor es muy similar a la carne de res, aunque ligeramente más dulzona.
Luego un chavo me ofreció una amburguesa y debo decirlo, quedé gratamente sorprendido por el sabor.
Ví a los corresponsales de El Norte y El Universal bien entrados con su plato de guisado. Ambos me comentaron que el sabor es agradable.
La verdad es que hace muchos años probé la carne de caballo en un restaurant chilango. Pedí una milanesa y me trajeron un plato enorme con una buena porción de carne y su respectiva guarnición de arroz con frijolitos.
Hasta el último pregunté y el mesero me dijo que era carne de caballo. Aún así, no tuve problema alguno, ni ético ni orgánico.
Analizando un poquito el tema me pongo a pensar por qué en algunos lugares el consumo de equino es algo normal desde hace mucho tiempo y aquí, en el norte del país, es un tema tabú.
No es la falta de costumbre, sino que hay algo que está ligado muy íntimamente a nuestro inconsciente, como si hubiésemos sido amaestrados sicológicamente para rechazar la carne de ciertos animales.
Todo eso viene de La Biblia. Siglos de ese amaestramiento nos han hecho rechazar un tipo de animales y otros no.
En Levítico 11 se señalan por ejemplo los alimales puros y los «impuros», los buenos apra comer y los que no lo son.
Así, la orden que dio Dios a Moisés fue que los israelitas sólo comieran animales con pezuña hendida y que rumian, como la vaca, el venado, el cordero, etc. (El puerco es considerado impuro aunque tenga uña hendida porque no rumia).
Aves carroñeras y rapaces como el águila o el halcón, también lo son.
De los insectos sólamente aquellos que tengan piernas unidas a sus patas para saltar sobre el suelo, como los grillos y saltamontes.
Ese es el origen del por qué todavía es tabú consumir cierto tipo de carne, y del hecho de que en las redes sociales, cuando puse en mi muro algunas fotografías, una amiga dijo que jamás lo comería, otra puso la palabra «¡Guácala!» y una más que s eharía vegetariana.
No pretendo influir, por supuesto, en su forma de pensar, que es muy respetable, pero las evidencias sugieren que la carne de caballo es mucho más barata, es más sana, contiene menos grasas, más calidad proteica, tiene Omega 3 y una larga lista de ventajas con respecto a la de res o de cerdo, ya que el equino, cuando es criado expresamente para sacrificio, sólo come zacate o alimento preparado.
De todas formas, salimos del asadero relinchando de gusto por la degustación que se ofreció ese día. Bon apetit.
Aquí viene el refrán estilo Pegaso: «Es desaconsejable observar el canino a un ejemplar de Equus ferus el cual nos ha sido obsequiado». (A caballo regalado no se le ve el colmillo).


