Por Pegaso
Volando acá, entre las frías nubes, escuchando la grabación que hice de la entrevista con el magistrado presidente del Supremo Tribunal de Justicia de Tamaulipas, Hernán De la Garza Tamez, me dí cuenta que ahora, con las nuevas reglas de juego del sistema de impartición de justicia, nosotros los periodistas tendremos que cambiar la forma de dar la información a los lectores, so pena de sufrir alguna demanda.
Hasta ahora la práctica del periodismo era más bien relajada y en ocasiones hasta se caía en el libertinaje.
Recuerdo por ejemplo, en mis años de pegaso mozo que algunos reporteros se «volaban» las notas, es decir, las inventaban atribuyendo la información a determinadas fuentes.
Estas, por supuesto, no decían nada y hasta estaban de acuerdo en que se utilizara su nombre por el afán de aparecer en los periódicos y lograr una mayor difusión de su imagen, siempre y cuando la noticia fuera positiva.
También llegó a generarse toda una industria de la extorsión, donde si no te mochabas, eras el centro de iracundos ataques por parte de seudoperiodistas inescrupulosos.
Había quienes se jactaban incluso de tumbar gobernadores. Yo lo escuché con mis propios oídos.
Con esto, el sistema de justicia mexicano y con él la práctica del periodismo tenderá a ser más al estilo americano.
Es decir, cuando haya un juicio oral, los medios podrán entrar a la sala de audiencias bajo la aceptación del juez y presenciar el proceso, pero no tomar fotos ni grabar audio.
La Suprema Corte dictaminó hace unos días que las partes sí podrán hacerlo, pero no los comunicadores, ni tampoco podrá salir publicado mientras el asunto esté en ciernes.
Ya no más las cabezas a ocho columnas: «Chacalesco sujeto», «Ganchan a ladrón» o «Matóla, violóla y enterróla». Ya no más.
Hernán De la Garza destacó sobre todo que la nueva legislación privilegia la presunción de inocencia.
Si yo publico alguna noticia donde saque la foto y se den los datos personales como el nombre o domicilio de un detenido, puedo ser objeto de demanda porque aún no se comprueba su culpabilidad.
Hasta ahora el periodismo de la nota policíaca es el que más ha abusado.
La ley permitía las demandas por difamación cuando alguien era expuesto públicamente y resultaba ser inocente al terminar el procedimiento de desahogo de pruebas y emisión de la sentencia.
Sin embargo, nadie lo hizo jamás porque era un trabajo tedioso. Además, los mismos medios podían arreglarlo todo con el consabido derecho de réplica o un usted disculpe.
No conozco de un caso en México de alguien que haya demandado a un medio por difamación, como sí ocurre en los Estados Unidos.
Allá el reportero tiene que documentar lo que dice, si no, se expone a pagar miles de dólares por una demanda.
Es común que cada nota que se publica en un periódico o en un medio electrónico tenga dos o más
fuentes y pase por varios filtros para comprobar su veracidad.
En cierta ocasión, en el Estado de Nuevo León, un pasquín llamado La Garrapata publicó un encabezado que decía: «A la esposa del Gobernador le apesta el burro».
El titular llamó, por supuesto, la atención de los lectores por lo mordaz de la frase, pero al leer la nota señalaba que en un patio baldío ubicado atrás de la casa del Gobernador había un asno, por lo cual la esposa del funcionario pidió a las autoridades sanitarias que lo retiraran, ya que no soportaba los malos olores.
Poco a poco el periodismo basura se fue extinguiendo, y los periodistas de la vieja guardia son sustituidos por las nuevas generaciones que ordinariamente provienen de alguna universidad y que se supone vienen más preparados para desarrollar esta noble profesión.
Somos pocos los comunicadores empíricos que aún andamos en la talacha y pronto tendremos que dejarles el lugar a los jóvenes.
Antes se acostumbraba que cualquier hijo de vecina podía tomar una libreta y una camarita chafa y se ponía a reportear.
Hubo algunos, o creo que todavía los hay, que tienen una revista católica, porque sale cuando Dios quiere, o para ser sinceros, cada que hay que elaborar la factura para cobrar el cheque de la presidencia, del gobierno estatal o de la UAT.
Los nuevos tiempos exigen cambios. Cambios a los que hay que hay que ajustarse o perecer.
Aquí está pues el refrán estilo Pegaso: «Es necesario que a la pieza comestible elaborada con harina de trigo se le denomine por su nombre, lo mismo que a la bebida alcohólica elaborada a base de jugo de uva fermentado». (Al pan, pan, y al vino, vino).


