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AL VUELO-Vico

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Por Pegaso

Andaba yo volando allá, por el rumbo del Hospital General, porque me habían dicho que mi amigo y compañero periodista Víctor González estaba internado y en condiciones delicadas de salud.

Aterricé enfrente del hospital y me dirigí al área de hospitalización. Le pregunté al guardia por mi amigo y me dijo que, efectivamente, aún estaba internado.

Le pregunté si podía pasar a visitarlo y me dijo que no.

Debido a mi vasta experiencia con ese tipo de especímenes, no quise insistir porque sabía que era pegar en pared, que era más fácil sacar agua de una piedra del desierto del Sahara, así que me retiré.

Volando bajo me puse a recordar cómo fue que lo conocí, hace ya algún tiempo.

Iba yo por la plaza Miguel Hidalgo meditabundo cuando se me acercó un sujeto delgado, con el pelo largo y suelto, con apariencia de intelectual.

-¿Tú eres periodista?-me preguntó.

Le contesté que sí. Acto seguido sacó de una carpeta varias hojas de papel medio arrugadas y me las entregó.

-Quiero que me ayudes a publicarlas en tu periódico.

-Mira, ve a La Prensa y pregunta por Alfonso Buenfild De la Peña. El te va a ayudar. Es el encargado de la sección de cultura,-le dije.

Y se retiró algo triste o molesto por mi evasiva.

Meses después me lo vuelvo a encontrar como reportero de otro periódico local, ya como colega.

Descubrí que tenía una conversación interesante, fluida, con ideas claras, así que decidí que valía la pena cultivar su amistad.

El aprecio mutuo ha durado por más de una década.

Víctor ha pasado por varios periódicos, estaciones de radio y corresponsalías, entre otros, el Valle del Norte, El Mañana, GAPE, Radio Rey y El Financiero, entre los que recuerdo.

Recuerdo en alguna ocasión que quiso incursionar en el arte de la mímica. “Mimo Vico”, se hizo llamar. Tenía una endiablada facilidad para hacer los movimientos propios de un mimo. Después de una primera actuación, ya no supe por qué no siguió con esa actividad.

Ama la poesía. Escribe cuentos cortos y conozco por lo menos dos libros en los que ha participado con sus narrativas. En uno de ellos yo mismo colaboré.

Pero más que todo, ama la vida.

Cierta vez me contó que desde los dieciséis o dieciocho años padece de diabetes.

Luego de ser un jovenazo viril y apuesto, la enfermedad comenzó a mermar su organismo. Una y otra vez ha ganado la batalla, pero es una batalla que deja huellas y va mermando las facultades físicas.

Siendo un miembro prominente de su madre logia Armonía y Fraternidad, Víctor González ha sabido escalar peldaños hasta lograr el grado de Maestro.

Apenas ayer ví a otro exgran maestro de la orden, Víctor Olvera De Santiago, quien le profesa una gran estimación.

Ante lo avanzado de la enfermedad y lo delicado de su salud, le sugerí que se le hiciera un reconocimiento por parte de sus hermanos masones y me respondió que haría la propuesta en alguna próxima tenida.

Dicen que la esperanza muere al último y quienes estimamos a Víctor esperamos tenerlo pronto de nuevo entre nosotros, riéndole a la vida y elaborando nuevas poesías, como aquella que dice: «Gato, devuélveme mi corazón…»

Y aquí nos quedamos con el refrán estilo Pegaso: «Aquel que se precia de ser excelente ejemplar masculino del ave de corral cuyo nombre científico es Gallus gallus, emite sonidos guturales en sitios indistintos». (El que es buen gallo, en cualquier corral canta).

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