Por Pegaso
Estaba yo descansando en mi mullido cumulonimbus, asomándome de vez en cuando para ver y analizar el desarrollo de las campañas políticas que ya empiezan a ponerse calientitas.
Pero será hasta este lunes 18 de abril cuando empiecen a desbodarse los ánimos y las pasiones de los simpatizantes de uno y otro partido, de uno y otro candidato.
Hasta donde puedo ver, utilizando mi periscopio, es que en Reynosa hay tres candidatos con posibilidades reales de triunfo para encabezar el Ayuntamiento durante los siguientes tres años.
Por supuesto, Ernesto Robinson Terán de la alianza PRI-PAN-PRD. El candidato de los tenis rojos viene respaldado por una estructura muy fuerte y un equipo de trabajo de primera.
Maki Ortiz Domínguez, quien va por el voto sensible, esperando que la ciudadanía vote mayoritariamente por una persona que ha logrado superar la dura prueba del cáncer. Y aunque la enfermedad ha dejado secuelas en un molesto Parkinson de su mano izquierda, la vemos muy activa, con ganas de iniciar la contienda política en pos de la presidencia municipal.
La tercera opción es el candidato independiente. Con más de 45 mil respaldos entregados al INE para tener derecho a participar por la vía libre, José Ramón Gómez Leal podría ser el tercero en discordia.
Pero bueno. Las campañas ya están en puerta.
Es hora de escuchar propuestas, promesas, denuncias y guerra sucia.
En mis 34 años de vida reporteril he visto de todo y sé que los candidatos se tiran hasta con la cubeta cuando de ganar el voto popular se trata.
Uno de los aspectos que a mí en lo personal siempre me han atraído es el uso de los logotipos.
Recuerdo algunos en campañas anteriores, pero me voy a enfocar ésta vez en las contiendas actuales.
Vemos que Gustavo «la bruja» Cárdenas trae como símbolo principal de su campaña política una escoba, dizque para barrer con la corrupción y los políticos ratas.
Vemos a Francisco Chavira que optó por utilizar la figura de un gallo con los colores del arco iris.
El candidato del PAN, Francisco García Cabeza de Vaca recicló sus inefables cuernos a lo Sergio Valente, pero ahora los pintó con camuflage, de color azul o rosaditos, de acuerdo al gusto de cada quién.
Este es un extraordinario ejemplo del uso del apellido para elaborar un logotipo que llegue a las multitudes.
¡No quiero imaginarme qué logo estaría usando si se hubiera apellidado Vergara!
Los genios publicistas del priísta Baltazar Hinojosa, por su parte, no se quebraron la cabeza: Utilizaron las siglas del nombre del candidato, BH con fondo verde y rojo.
Lo mismo hizo Jorge Vargas, del PRD, con las iniciales de su nombre en negro sobre fondo amarillo chorro.
Armando Vera usa dos palomitas antes de su primer apellido y así, podemos analizar cada uno de los diseños tipográficos de campaña y encontraremos cosas interesantes.
Yo recuerdo cuando mi compadre Armando Zertuche iniciaba su campaña para la presidencia municipal de Reynosa.
Ya que se acababa de estrenar la película de El Zorro, le recomendé que utilizara la primera letra de su apellido como logo de campaña, con algún diseño parecido al del personaje de la película.
Y así lo hizo. Empezamos a ver por toda la ciudad un chingo de letras zetas pintadas en los postes y paredes.
Eso fue suficiente para alimentar las ingeniosas rimas de mi estimado amigo y colega, Hugo Ramos, quien decía en satíricos versos que esa era la marca del zorrillo.
Desde entonces ya no me dedico a dar consejos sobre logotipos. No me vaya a pasar lo que está ocurriendo con Gustavo Cárdenas, el candidato de la escoba, cuya campaña política se puede prestar a un incesante choteo.
Así lo dejamos. Ahora viene el inefable refrán estilo Pegaso: (Cuando un trío de ejemplares de Canis familiaris emprenden persecución de un pequeño mamífero cuadrúpedo denominado científicamente Caprolagus hispidus, en caso de que el puntero no pueda darle alcance, el segundo cuenta con menos posibilidades, y el tercero definitivamente se quedará sin la presa). «De tres perros que persiguen la liebre, si el primero no la alcanza, el segundo menos; y el de mero atrás, pos ‘tá cabrón».




