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AL VUELO-Likes

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Por Pegaso

Andaba yo volando alto, viendo desde las nubes borrascosas el inicio de las campañas políticas para alcaldes y diputados locales.

Por supuesto, ví la gran concentración de gente que tuvo el candidato de los tenis rojos, Ernesto Robinson, allá, por el rumbo de Jarachina Sur; ví el gallo que encabezó la doctora Maki Ortiz, el gallito de la candidata del PES y hasta el mitin de arranque de Poncho De León en la placita Benito Juárez.

Todo eso lo ví.

Lo que no ví fueron los likes.

Un like, por si alguien no lo sabe, es un pequeño ícono que está a un ladito de cada cuenta de Facebook para que los «seguidores» del titular de esa página puedan manifestar su aprobación de los comentarios que hace. En español equivale a decir: Me gusta.

El ícono es una manita con el dedo pulgar levantado. Creo que antes también había una con el dedo para abajo, pero creo que por cuestión psicológica o de mercadotecnia ya desapareció.

Hay quienes fanfarronean de tener miles, ¡qué miles, millones! de likes en sus cuentas de redes sociales y creen que con eso ya ganaron la elección.

Candidatos hay que se han creído de eso y en las urnas sólo sacan unos cuantos votos.

Escuché, sentado en mi nubecilla viajera, en un evento que se realizó ayer con la presencia del líder nacional del Movimiento Ciudadano, Dante Delgado Rannauro, que dicho partido, en su página oficial, tiene un millón de seguidores, mientras que la del PRI apenas tiene 300 mil y la del PAN, 200 mil.

Por ahí dicen que no se puede confiar en los likes que tiene uno en su cuenta porque los likes no votan.

Ir por ahí diciendo que va uno a ganar la elección porque tiene chorrocientos mil likes, es como creer que te vas a sacar el gordo de la lotería comprando un chingazo de cachitos. Si le pegas al número premiado, cuando mucho recibirás la vigésima parte.

Creo que si algo debemos aprender en nuestra relación con la otredad, quiero decir, con los demás, es que las palabras se las lleva el viento y no es posible confiar al cien por ciento en que harán algo que no tienen obligación de hacer.

Por ejemplo, puedo dar like a un comentario, pero no quiero decir que por ello estoy obligado a votar por alguien.

De una muestra poblacional de cien personas que habitan en ésta zona fronteriza, el día de la elección el 40% aprovechan para irse a McAllen, a la Isla del Padre o simplemente a echar hueva en su casa.

El 25% definitivamente no quieren saber nada de política porque les vale madres quién esté al frente del gobierno.

El resto, apenas el 35%, sí acuden a las urnas a votar, pero como ya los tienen acaparados el PRI y el PAN con despensas y cochupos, pues sólo queda un mínimo porcentaje para los partidos poquiteros.

Así que, si te gustó esta furris columnilla, dame un like.

Nos quedamos con el refrán estilo Pegaso: «El enrejado que delimita el interior de una celda carcelaria del exterior, no produce homicidios; tu malhadado aprecio, sí lo hace». (Las rejas no matan, pero sí tu maldito querer).

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