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AL VUELO-Fuchi

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Por Pegaso

No cabe dudas: La política tiene la virtud de neutralizar los malos olores.
¿Por qué digo eso?

Bueno, porque ayer andaba yo volando allá, por el rumbo del sur oriente de la ciudad, sobre las populosas colonias Pedro J. Méndez, Benito Juárez, Arco Iris, algunos fraccionamientos como Paseo de las Flores y villas de IMAQ, donde los candidatos, candidatitos, candidatotes y candidotes despliegan una gran actividad campañil.

Ví desde las alturas cómo atraviesan arroyos de aguas negras, sin importar que se manchen sus lindos zapatos de marca.

Van, vienen, se meten a tecuruchos miserables, besan viejas fodongas, cargan niños chamagosos y hasta le entran a los tacos de frijoles refritos con chicharrón.

Es de admirar el espíritu estoico de los aspirantes al gobierno del Estado, a la presidencia municipal y diputaciones locales.

¡Qué bárbaros!

En los recorridos diarios saludan a miles de personas sin hacer un solo gesto.

Yo recuerdo que hace varios ayeres el entonces candidato del PRI, César Humberto Isassi Cantú traía en su lujosa camioneta un frasquito de alcohol para lavarse las manos cada que un pepenador o jornalero lo saludaban de mano.

A los candidatos actuales no les importa pisar cacas de perro en las calles, ni sudar la gota gorda bajo el agobiante calor primaveral.

Ayer ví al candidato de MORENA, Héctor Garza González, ir corriendo, literalmente, de una casa a otra de la colonia Industria Maquiladora, mientras su esposa y el resto de sus acompañantes se quedaban en la sombrita.

Garza González, a quien le dicen «El Guasón», se acercó a un puesto callejero de tacos y le prometió al dueño que, terminando su recorrido, regresaría a echarse unos de bistec con harta cebolla.

Las moscas revoloteaban cerca del opíparo alimento, pero ni eso desanimó al candidato y más tarde lo vimos entrándole duro al delicioso manjar, que es en realidad un bucatto di cardinale para la clase obrera de Reynosa.

Y más allá, por la colonia Villa Esmeralda, la candidata del Movimiento Ciudadano, Eva Reyes, tomaba algunas fotos de las condiciones en que se encuentran las calles y prometió que ya no habrá más fraccionamientos que no garanticen unos buenos servicios, más o menos así como los de Sharyland, en Mission.

Las campañas políticas tienen momentos jocosos, como aquel donde se acerca un escuincle chamagoso al candidato y/o candidata. Quiera que no, el aspirante a gobernador, a alcalde o diputado tiene que cargarlo y darle un beso en el c achete lleno de mocos. Mientras más moco traiga, mejor para la foto del boletín.

O cuando entran a una casa humilde, donde el jefe de familia ha llegado de la talacha diaria y se encuentra reparando sus zapatos, sin camisa, todo sudoroso.

La regla de oro para todo buen candidato dice que debe acercarse con una sonrisa de oreja a oreja, extenderle la limpia e inmaculada mano y saludarlo de manera efusiva, sin hacer cara de fuchi.

Dentro, en la pequeña cocina, la señora prepara algún platillo para los güercos que aún no llegan de la escuela: Unos frijolitos en bola con huevito, tortillas de MASECA y leche Vaquita.

El candidato/a percibe los olores y se le abre el apetito, pensando en al shirloin con vino tinto que degustará tras terminar su recorrido del día.

Y seguí con mi vuelo para seguir viendo las mil y una peripecias de los candidatos, en busca del ansiado voto popular.

Nos quedamos pues con el refrán estilo pegaso: «No existe mejor opción para sazonar los alimentos, que la carencia prolongada de los mismos». (El mejor condimento es el hambre).

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