AL VUELO-Palabras

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Por Pegaso

Estaba yo navegando por las redes sociales, viendo cómo los candidatos se están dando hasta con la cubeta con tal de ganar el voto del electorado que cada vez está más cansado y desilusionado de la política.

Y revisandoa mi página de Facebook, ví un video que realmente me herizó la piel por sus terribles implicaciones.

Mi amiga Noemí Muñoz posteó un video que fue difundido en Telediario donde unas niñas de la Secundaria número 9 «Marte R. Gómez» se trenzan en una fiera pelea delante de sus compañeros y maestros.

No se puede conocer el motivo de la reyerta solamente con ver el video, pero cuando dos jovencitas llegan a estos extremos lo más común es que se peleen por un galancete.

Pero resulta que la manzana de la discordia siempre es un chavo que está involucrado con la delincuencia organizada.

Habría que analizar profundamente porqué las adolescentes, de doce años en adelante se ven seducidas por ese tipo de sujetos.

En un estudio que hizo la UAT en una población de estudiantes del quinto y sexto año para ver hasta dónde está infiltrada la subcultura del narco, la mayoría de ellos escogieron, cuando se les dio la opción, vehículos, música y armas que son de uso común de la delincuencia organizada.

Dicen que la educación se mama en casa, y es muy cierto.

Los padres son los responsables de llevar a sus hijos por el camino correcto y estar alertas ante cualquier señal de desviación.

En el video al que hago referencia, filmado por uno de los alumnos, se observa a varias chicas de la secundaria 9 en una enconada riña, mientras sus compañeritas les echaban porras.

Se oyen varias vocecitas por ahí diciendo: «¡Reviéntala!», «¡Te va a llevar la v***a!».

Esta palabra que aquí he censurado, solamente la había escuchado en dos ocasiones anteriores en vivo y a todo color.

Hace unos cinco años, frente a mi anterior domicilio, donde continuamente pasan los estudiantes de la Secundaria 7 a la hora de la salida, una pequeñuela de primer año iba discutiendo con un compañerito y le decía: «¡No vales v***a!»

Y hace dos años, frente a la casa donde vivo, unos párvulos de apenas siete u ocho años jugaban a corretearse, y la niñita le decía a su compañerito, que presumo era su hermano: «¡Vete a la v***a!»

El uso de palabras y expresiones populares no es nada nuevo. A todos en algún momento se nos escapa algún vocablo inadecuado.

Pero jamás pensé que niñas y adolescentes llegaran a incorporar esa palabra de cinco letras que se refiere al órgano masculino de la reproducción como si fuera lo más natural del mundo.

Y no es que me escandalice con eso, ni que le tenga miedo a las palabras, pero lo pongo en perspectiva y veo hasta dónde el tejido social ha sido dañado por la influencia de la narcocultura.

Esa palabra y muchas otras más forman parte del léxico de la delincuencia organizada.

De hecho, el significado de v***a, según la definición más común, es el travesaño que sujeta la vela de una embarcación, pero en algunos países latinoamericanos, como México, se usa como un insulto y se refiere a los genitales masculinos.

Pocas generaciones atrás, nuestras madres, al oír que decíamos una mala palabra, nos agarraban y lavaban la boca con lejía, y se supo de casos extremos en que agarraban un leño de la lumbre y le quemaban la boca a sus vástagos. Y les juro que jamás aquellas personas volvieron a decir ese tipo de palabras.

Volvamos al video. Viendo cómo se desarrolla la escena, con una chamaca arriba de otra golpeándole la cabeza contra el suelo, animada por la porra de sus amigas que le decían: «¡Reviéntala, reviéntala!», finalmente fueron separadas por un adulto, que creo, es un maestro porque trae una bata de laboratorio.

A esas adorables chiquillas que tiran para convertirse en delincuentes, aquí les doy algunos consejos para que mejoren su léxico:

En lugar de decir: «¡Vete a la v***a!», digan: «¡Dirígete al travesaño que sujeta la vela de una embarcación!»

¿Ya ven? ¡Qué diferencia!

Pueden usar también algún sinónimo que no suene tan mal: «¡Te va a llevar la v***a!» puede bien sustituirse por: «¡El falo te trasladará a otro sitio!»

O, cuando en alguna discusión una de ellas dice a la otra: «!No vales v***a!», puede muy bien utilizar la bonita frase: «!Tu precio se equipara al del órgano viril!»

¡Ahhh, qué diferente sería el mundo si todos aprendiéramos a hablar correctamente!

Por eso aquí nos quedamos con el refrán estilo Pegaso: «¿Es posible que ingieras tus alimentos con semejante cavidad bucal?» (¿Y con esa boca comes?).

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