Por Pegaso
Andaba yo volando allá, por el rumbo de la calle peatonal Hidalgo, viendo desde arriba cómo han crecido los encinos que plantó Pepe Elías con éstas lluviecitas.
Pero lo que atrajo mi intención fue el infernal ruido de tamboras, clarinetes y trompetas que se escuchaba abajo, así que me fui en picada para ver qué era todo aquel jolgorio.
Lo primero que ví fue a un nutrido grupo de personas con banderitas anaranjadas. Enmedio de todo el gentío de gente, el candidato del Movimiento Ciudadano a la gubernatura de Tamaulipas, Gustavo Cárdenas Gutiérrez, el mero rey de la escoba. Unos metros atrás venía la candidata a la presidencia municipal, Eva Reyes y más allá, vestido con su típico pantalón blanco, guayabera blanca, zapatos blancos y sombrero blanco, el líder de los veracruzanos, Patricio Mora Domínguez.
Gustavo se trajo de Matamoros un camión lleno de escobas para repartir. A quien veía en la peatonal, le entregaba una escoba para que se pusiera a barrer a todas las ratotas de su casa.
Así recorrió las seis cuadras de la calle Hidalgo, hasta llegar al restaurant La Estrella, donde ya lo esperaban los periodistas grandes.
Un compañero me decía: «Pegaso, vamos a acercarnos a la mesa».
Pero como yo no estoy dentro de la élite, no fui requerido por el dinámico equipo de prensa que encabeza don Oscar Contreras Jr. Ni modo.
Espero que ésta mañana de perdis me inviten a la taquiza que habrá en Los Jiménez, donde el candidato pagará el consumo de todas las panzas aventureras que se acerquen por ahí. (Invitará un total de mil tacos, a razón de veinte pesos por taco, se llevará alrededor de 20 mil varos en este chistecito).
Ya en el restaurant, Gustavín se agarró a hablar vía telefónica con un reportero de una estación de radio propiedad de su familia, mientras los reporteros que ya estaban en la mesa esperaban pacientemente.
Por fin terminó la entrevista radiofónica y el aspirante pemecista empezó a hablar de sus actividades de campaña, muy a su estilo.
Creo, sin temor a equivocarme, que Gustavo Cárdenas es el verdadero «bronco» de Tamaulipas, no Francisco Chavira que a las primeras de cambio se dobló y se vendió.
A Tavo no le incomodó que en el establecimiento hubiera niños y niñas cuando empezó a decir leperadas.
De improviso se acercó una cabecita blanca para decirle que estaba con él y que siguiera adelante, con ese estilo dicharachero y chimengüenchón que lo caracteriza.
Eso me recuerda que a poco más de una semana Gustavo se ha colocado como el virtual ganador del premio que otorga esta columna al candidato más malhablado e irreverente.
Con Chavira fuera, se perfila como el ganador absoluto. Sin embargo, todavía tiene que pasar por el veredicto de los ilustres sinodales que forman el invicto y tres veces heroico Comité para la Asignación de «El Pegaso de Oro», codiciado galardón que también está disputando el ídolo de los jotitos de Nuevo Laredo, Jorge Valdez.
Dudo mucho que alguno de ellos ganen la elección para gobernador, pero sí pasarán a la historia tamaulipeca por sus chispeantes y picarescas expresiones.
Nos quedamos con el refrán estilo Pegaso: «Posterior a la contingencia hidrometeorológica suele venir un período de tranquilidad». (Después de la tempestad, viene la calma).

