Por Pegaso
Estaba yo echado en mi mullido cumulonimbus, como siempre, leyendo en la red las noticias más relevantes del día para comentarlas aquí, con mis dos fieles lectores.
Algo que llamó mi atención fue la renuncia del ahora exdirigente del PRI, Manlio Fabio Beltrones.
Recuerdo que la vez que vino a Reynosa, en la recta final de las campañas políticas, en el lienzo charro Los Tamaulipecos, Beltrones dio una conferencia de prensa a la raza periodiquera local, donde destacó entre otras cosas que las encuestas favorecían a los candidatos de su partido.
Más tarde, ante miles de simpatizantes, que no ciudadanos, Manlio se dedicó a atacar a Felipe Calderón y al candidato del PAN a gobernador de Tamaulipas, Cabeza de Vaca, pero no hubo un mensaje congruente que levantara los ánimos de los priístas que ya presentían la debacle.
Recientemente fueron llamados a México los gobernadores «perdedores» para que explicaran exactamente por qué perdieron en su Estado.
Algunos pensaron que era algo así como un llamado de cuentas de la dirigencia nacional del PRI hacia los responsables políticos de las siete entidades federativas que tuvieron resultados desfavorables para el PRI.
A final de cuentas, fue malio Fabio el que cayó, no los gobernadores.
¿Por qué?
A estas alturas del partido ya nadie duda de que en México tenemos un sistema bipartidista, similar al de los Estados Unidos.
Allá están los partidos Republicano y Demócrata; aquí tenemos al PRI y al PAN.
En Estados Unidos hay una multitud de partidos pequeñitos y candidatos independientes. En México, hay muchos partidos que fueron creados a modo para ser comparsas.
Allá es un sistema perfecto, mmanipulado por los grupos de poder económico manejados por las tenebrosas sociedades secretas, como Skull and Bones, la Riffle Association, el Grupo Bildenberg, el Ku Kux Klan y otras.
Se dice que en Estados Unidos las elecciones no son entre candidatos, sino entre universidades, la de Yale y la de Oxford, de donde son egresados la mayoría de los políticos gringos.
México, como imitador de los Estados Unidos, también tiene sus grupos herméticos, y uno de los más conocidos se llama El Yunque, de afiliación extrema derecha identificado con el PAN.
México ya tiene un sistema bipartidista.
Los partidos pequeños, como la paja, ya han sido prácticamente barridos, no por la voluntad del pueblo, sino por conveniencia de ese sistema.
Partidos emergentes como MORENA son el verdadero peligro para el estatus del bipartidismo mexicano.
De ahí el ataque a grupos de la izquierda radical, como la Convención Nacional Indígena, el Ejército Zapatista de Liberación Nacional y la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación, en guerra con el gobierno en los Estados del sur del país, que simpatizan con la opción de Andrés Manuel López Obrador.
El PRI perdió la mayoría de los Estados que estaban en juego porque ahora le tocaba al PAN, por decisión de la cúpula que maneja el multicitado sistema bipartidista.
Si Vicente Fox, cuando fue Presidente de la República mochó el águila del Escudo Nacional, pronto veremos un nuevo diseño con un águila bicéfala.
Con el tiempo el panorama político nacional ha cambiado hasta parecernos peligrosamente a los Estados Unidos.
Lo que no cambia es la simulación, la mentira, el buscar el poder por el poder mismo, la riqueza fácil.
Así, poco a poco, vemos a un México envuelto en llamas, víctima de la violencia y el descontrol.
No me gusta ser pesimista pero la tendencia bien clara es que la inconformidad, el enojo y el odio del pueblo va en franco crecimiento.
¡Aguas!
El refrán estilo Pegaso dice: «En ocasión en que el afluente produce mayor estruendo, la explicación más obvia es que conduce una mayor cantidad de líquido cuya fórmula química es H2O». (Cuando el río suena, es que agua lleva).


