Por Pegaso
Andaba yo revoloteando allá, sobre la plaza principal Miguel Hidalgo, rememorando los momentos aquellos en que los equipos de transición de los nuevos gobiernos han arribado hasta las puertas de palacio municipal para recibir la Administración de manos de los salientes.
Es un ritual que se repite cada tres años, y por supuesto que esta no será la excepción.
Llegarán, tal vez acompañados por la flamante Presidenta Municipal, Maki Ortiz Domínguez, saludarán a la nube de reporteros que estarán aguardándolos en el vestíbulo del edificio y se organizará una rueda de prensa de banqueta.
Al término de la entrevista, la doctora Maki se disculpará con los picateclas porque tiene que cumplir con la obligación constitucional de recibir los poderes públicos municipales, en tanto que sus acompañantes se repartirán en las diferentes dependencias: Obras Públicas, Tesorería y Finanzas, Servicios Administrativos, Desarrollo Social, COMAPA, Secretaría del Ayuntamiento, etc.
Ya para ese entonces,-estamos hablando del día primero de octubre de éste año- se sabrá quiénes ocuparán esas oficinas.
Nuevos actores, mismo protocolo.
Recuerdo claramente que así llegó, por ejemplo, el ahora Gobernador del Estado, Francisco García Cabeza de Vaca, en compañía de sus más cercanos colaboradores e integrantes de su cabildo.
En aquella ocasión, con el reparto de las plurinominales, al PRI le tocaron seis regidores: Alvaro García González, Carlos Ernesto Solís Gómez, quien recién fue candidato a diputado local por el Distrito 06, Patricia Ortiz Dávila, ex candidata suplente por el Distrito 07, Litha del Carmen Garza Peña, Migdalia López Hinojosa, actualmente presidenta municipal suplente electa y Jaime Inocencio Carranza Morales.
Por el PRD quedó Juan Manuel Rodríguez Nieto.
La fracción priísta oponía bizarra resistencia a las propuestas del alcalde Cabeza de Vaca, pero no le bastaba para enfrentar a la aplanadora azul.
Fue en una de tantas sesiones donde el entonces regidor perredista, Juan Manuel Rodríguez Nieto dijo su frase célebre, frase que debe quedar grabada en letras de oro, o por lo menos en un grafiti: «Soy sietemesino».
Diez años después fue retomada por su par en el actual Cabildo, Oscar Díaz Salazar, pero ya sin la gracia de la versión original.
Tuvieron que pasar tres administraciones priístas para que nuevamente el PAN vuelva a ocupar la Presidencia Municipal.
Por supuesto, con Luebbert, Everardo y Pepe Elías el PAN ha tenido que apechugar el mayoriteo priísta.
A partir de octubre próximo, nuevamente se cambiarán los papeles.
Hasta este momento, a escasos días de que se defina la proporción de representatividad de los partidos en el Cabildo, es posible que el PRI cuente con tres regidores, el independiente José Ramón Gómez Leal, con dos, Morena con uno y posiblemente Convergencia con uno.
Será uno de los Ayuntamientos más plurales que se haya tenido en Reynosa.
Pero además, la nueva administración tendrá una característica distintiva: La primera autoridad será una mujer, por primera vez desde que se fundó la ciudad.
Hay que darle el mérito a la Administración saliente porque gobernó en tiempos muy difíciles, tanto económicamente como en cuestión de inseguridad.
No se queda el Municipio en condiciones muy diferentes a como la han dejado otros presidentes municipales, porque presupuestalmente hablando Reynosa sigue estando por los suelos.
El gran reto de Maki Ortiz será, pues, incrementar ese presupuesto al menos al doble. Recordemos que la ciudad de Nuevo Laredo, mucho más pequeña que Reynosa, nos supera en más de dos veces, y todo por contar con la más importante aduana de América Latina.
Pero nosotros somos la ciudad más populosa de Tamaulipas y la que más impuestos genera.
Además, el INEGI nos engaña porque no somos 640 mil, sino que ya andamos rasguñando el millón de habitantes.
Con el doble o triple del presupuesto actual, que es de algo así como de 1,400 millones de pesos, por lo menos se podrán arreglar los caídos que abundan por toda la ciudad.
Son tuberías muy viejas que desde hace mucho cumplieron con su vida útil, pero repararlas todas, según cálculos del Gerente de la COMAPA, Serafín Gómez Villarreal, costaría más de mil millones de pesos.
En fin, quedémonos con el refrán estilo Pegaso: «Mi función no es transmitir el mensaje, ni tu propósito es prestar atención…» (No estoy para decirlo, ni tú para escucharlo…)


