AL VUELO-Piedra

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Por Pegaso

Andaba yo volando allá, por el rumbo del Parque Industrial Villa Florida, donde se realizó el simulacro de accidente químico al que convocó la Procuraduría de Protección al Medio Ambiente.

Y aterricé justo cuando el maestro de ceremonias daba por iniciada la representación teatral, más que simulacro, porque se supone que en un evento de esta naturaleza se deben observar hasta los últimos detalles para después hacer una evaluación precisa y ver dónde estuvieron las fallas.

En simulacros anteriores hubo incluso participación de un helicóptero, ambulancias de la Cruz Roja y evacuaciones reales de personal, cosa que no ocurrió en esta ocasión.

Es más, algunos de los más avispados reporteros empezaron a subir a sus páginas de Face o a los chats de WatsApp algunas de las fallas que observaban.

Entre otras, que los «socorristas» acudieron con trajes especiales rotos, de los cuales se supone que deben ser herméticos para evitar que se filtren sustancias tóxicas y eso haga más difícil el rescate.

Los «heridos» platicaban amenamente entre ellos, y de repente daban gritos que más bien arrancaban la carcajada del respetable público.

Recuerdo que en anteriores simulacros hubo hasta helicópteros, y se formó un perímetro de seguridad.

El del año pasado, que se hizo sobre el libramiento Colosio, en la parte norte del parque Industrial Reynosa, un reportero gráfico, Víctor Espinosa, invadió el perímetro de seguridad, y entonces el maestro de ceremonias, Emilio Sondereguer pidió que se le retuviera y lo bañaran con sustancias «descontaminantes», cosa que no pasó porque el fotógrafo se escabulló rápidamente.

En ésta ocasión el ejercicio fue más «light», si se me permite ese término.

El «accidente» se escenificó a escasos metros de las gradas donde estaban el público y las autoridades.

En un momento dado, el maestro de ceremonias, Marco Antonio Martínez Alvarado, dijo que se estaba realizando la evacuación de las plantas industriales cercanas, lo que no ocurrió en los hechos, como en el anterior simulacro.

A los medios de comunicación se nos constriñó a un reducido espacio bajo un toldo.

Ahí nos congregamos por lo menos veinte reporteros y fotógrafos para ver en primer plano las incidencias de éste ejercicio.

Es natural, por supuesto, que uno busque el mejor ángulo para tomar buenas fotografías, así que me coloqué delante de las cámaras de televisión.

De pronto serí que una piedrita cayó sobre mi espalda. No me dolió, ni lo sentí como agresión. Se trataba de un compañerito camarógrafo que creyó que sería buena idea tomar la piedra del suelo y arrojarla sobre mí para que me saliera de cuadro.

Recordé, cuando era un Pegaso chaval, que cuando alguien te lanzaba un guijarro, inmediatamente contestabas con el siguiente albur: «No me tires con piedra vana, mejor tírame a tu hermana».
Por supuesto que no se lo dije al camarógrafo…, sólo lo pensé.

Camarógrafos hay que se pasan de la raya. Juanito Proto, de Televisa, tenía la arraigada costumbre de llegar aventando a todos los que nos encontrábamos en una rueda de prensa, sólo por el hecho de ser de esa empresa.

Tal vez creía que tenía derecho de desplazar a todos los demás del mejor lugar para grabar el evento, aún cuando llegara tarde.

Cierta vez se lo dije personalmente y desde entonces ya no me empuja ni me pega de codazos. Al menos no a mí.

En lo que respecta al simulacro de emergencia química, las crónicas periodísticas destacarn los puntos malos.

Por ejemplo, se anunció como un simulacro binacional, pero no hubo nadie del vecino país que representara a alguna autoridad.

Tampoco hubo boletín de prensa donde se diera a conocer la evaluación de la PROFEPA sobre éste ejercicio, que apenas duró una hora con veinte minutos.

Me despido con el inefable refrán estilo Pegaso: «Un artefacto explosivo impactó sobre un camposanto; hubo infinidad de cadáveres lesionados». (Una bomba cayó en un panteón; muchos muertos resultaron heridos).

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