Por Pegaso
Andaba yo volando sobre las calles de la ciudad, cámara en mano para ver si hallaba en alguna calle, avenida o boulevard alguna lady que pudiera captar y subir a las redes sociales, ahora que están de moda.
Todo comenzó hace dos o tres años, cuando dos fúricas mujeres enfrentaron a un sufrido agente de tránsito en la colonia Polanco de la Ciudad de México.
«Las Ladies de Polanco» se llamó a ese vergonzoso capítulo donde las refinadas damas de sociedad gritaban al policía vial con florido léxico: «¡Órale, remíteme; pinche puto de mierda. Chinga tu madre, pinche estúpido de mierda! Y súbelo con el pinche López Dóriga y con el pinche Loret de Mola, güey. ¡Pinche asalariado de mierda, ojete y abusivo!». (Nota de la Redacción: Editamos la siguiente parte de la columna porque incluye otras palabras que harían sonrojar al carretonero más sicalíptico de la Nopalera).
A partir de ahí, se abrió la Caja de Pandora. Ladies por doquier. Jovencitas de la alta sociedad que con unas copas de más se convierten en vulgares comadres de azotea.
En lo personal, pienso que el tema de las ladies es una de las más grandes estupideces de los medios de comunicación.
No es posible perder el tiempo viendo cómo las mujeres pierden la compostura cuando se toman dos wiskitos y se creen las chicas superpoderosas.
Hay ladies que se piensan que por ser amantes de tal o cual capo de la delincuencia organizada pueden trapear con los policías o con cualquier empleado público. Otras son hijas de papi a las que no les importa salir en cadena nacional porque para eso están los billetes, para cubrir sus bochornosos espectáculos.
Sin embargo, en la actualidad, ya cualquiera puede tomar su teléfono celular y grabar una escena con alguna lady que grita majaderías.
Si las Ladys de Polanco iniciaron el fenómeno, ahora hay hasta para aventar pa’arriba, porque ya sabemos que para decir leperadas las mujeres pueden ser peores que los hombres.
Tanto ha llamado la atención el tema que ya cayó en el choteo, y ahora es deporte nacional el captar con cámara ese tipo de escenas en la vía pública.
Todo comienza con una lady que va en su lujoso auto del año. Al pasarse un alto es detenida por un cumplido agente de tránsito y éste le pide su licencia. Generalmente busca en su bolso de mano, retacado de pendejadas y no la encuentra. El oficial nota que lleva unas copas de más y se lo hace ver. Pero es ahí donde se desata el infierno. Mientras con una mano continúa buscando a ciegas el documento, la lady se enfrenta verbalmente al policía, señalándolo como abusivo. Alguien que se da cuenta acciona la cámara de su teléfono celular y todo queda grabado para la posteridad. El video muestra a la delicada dama haciendo gesticulaciones, manoteos y patadas, las cuales acompaña con palabras obcenas, víboras y turicatas que pretenden amedrentar al cumplido elemento de tránsito.
En Internet ya podemos ver incluso compilaciones de las ladies más famosas de México: Número 5, «Ladie Lomitas»; número 4, «Las Ladies de Polanco»; número 3, «Lady de la Roma»; número 2, la «Lady de PROFECO» y número 1, la «Lady del Senado».
No es necesario describir qué hicieron cada una de ellas para ganarse los principales lugares de popularidad, porque los títulos son muy descriptivos.
Generalmente, los avispados reporteros buscan los nombres más ridículos para etiquetar a la protagonista del bochornoso espectáculo.
Aquí, en Reynosa, sin ir más lejos, mi compañera y amiga Sandra Tovar captó los momentos en que una joven mujer, a la que llamó «Lady Desnivel», o algo por el estilo, enfrentaba al entonces Coordinador de Protección Civil, Carlos Leal López porque éste le pedía con toda cortesía que se saliera del auto, ya que éste estaba atascado en medio de la laguna que se hace en el paso a desnivel número 1 después de cada lluvia.
Creo haber leído por ahí que también hubo una «Lady Puente», precisamente sobre uno de los puentes internacionales.
Sea como sea, éste tipo de personajes folclóricos se han convertido en todo un fenómeno mediático por abusar continua y sistemáticamente de su supuesto poder y posición económica. Y generalmente las víctimas son empleados públicos de bajo nivel a los cuales catalogan como «asalariados» o «proletarios», si bien les va.
Pero no queda ahí la cosa. El tema tiene que evolucionar.
El 9 de agosto reciente, saltó a la palestra el equivalente masculino de las ladies: «Lord Rolls Royce».
El sujeto de marras aventó a sus guaruras contra un automovilista y luego huyó en su lujoso vehículo sin que nadie hiciera nada. Bueno, alguien sí hizo algo: Lo grabó, y salió en el noticiero de López Dóriga.
¿Un nuevo pasatiempo nacional? ¿Espectáculo? ¿Símbolo del estado de putrefacción de nuestra sociedad?
Dentro de poco no sólo tendremos «ladies» y «lords» golpeando a policías y ciudadanos, sino también «seniors», «júniors» y hasta «kids», si no, p’al baile vamos.
Como sea, los hechos están ahí, y para anticiparnos un poco, Pegaso tiene algunas sugerencias de nombres para los futuros videos que se vayan subiendo a la red:
-«Lady Pokemón»: Cualquier jovencita de sociedad que ande buscando pokemones y que algún naco se le atraviese mientras está tratando de atrapar a uno con su pokebola.
-«Lady Metralleta»: Mujer que se enfrenta a elementos de la SEDENA o la Marina con unas cuantas copas de más, porque le hicieron el alto en un retén. Sorpresivamente logra arrebatar una ametralladora a uno de los soldados y les apunta con el arma, recordándoles a la más vieja de su familia.
-«Lady Popó»: Al ir distraída, una lady de sociedad pisa una caca de perro French Poodle en la banqueta y empieza a decir improperios en contra de un empleado de la tienda de enfrente. Taconea rabiosa sus zapatillas de Dior y grita que le va a partir la madre a medio mundo, mientras que una cámara de celular graba toda la escena.
-«Lady Baches»: Una mujer de alcurnia cae en un bache y se baja de su Hummer nuevecita hecha una furia, jurando que cesará de su cargo al alcalde, al gobernador y a todos los que trabajan en obras públicas.
-«Lady Nachas»: Ofendida porque un empleado público se le queda viendo las nachas, una furiosa lady le dice hasta de lo que se va a morir, mientras trata de echársele encima para darle de cachetadas. Todo lo cual queda debidamente grabado en un smartphone, con la intención de subirlo luego a las redes sociales.
¿Dónde quedó la refinación de las damas de sociedad?¿Dónde el glamour de Lady Di?
Mejor nos quedamos con el refrán estilo Pegaso: «Es necesario que no entreguemos a las féminas la totalidad de nuestro afecto ni todo el recurso monetario que poseemos». (A la mujer, ni todo el amor ni todo el dinero).


