Por Pegaso
Después de mi vuelo matutino por el caluroso cielo de Reynosa, ahora que estamos en plena canícula, me puse a revisar algunos de los curiosos mensajes que llegan al chat de Pegaso.
Y leía con atención una nota que reenvió mi buena amiga Pili donde el Gobernador del Estado, Egidio Torre Cantú, de manera indirecta, causó que un reportero gráfico saliera con un chichón en la cabeza.
Resulta que durante la inauguración de un nuevo parque de beisbol en la capital del Estado, el gober hizo el primer lanzamiento de bola.
En el bat estaba un hijo del exgobernador Praxedis Balboa, de nombre Guillermo. El gober lanzó una bola alta y el bateadora abanicó, rozando la pelota y ésta se desvió hacia un lado, precisamente donde estaba tomando sus gráficas el camarógrafo de «Notiviza» (¿?), Néstor Del Angel.
Al ver el incidente, inmediatamente corrió el gobernador a hacerle «sana, sana, colita de rana» al desconcertado y descalabrado trabajador de la lente.
Por fortuna, no pasó a mayores.
El oficio de periodista implica muchos riesgos, como todo mundo lo sabe.
Recién me enteré que el también camarógrafo, pero de Multimedios, Javier Hernández presentó una denuncia ante el Ministerio Público por un supuesto agravio por parte de un mando de la policía estatal.
Efectivamente, relata una nota periodística, Javier se acercó con la cámara para cubrir un accidente de tránsito donde murió un elemento de la Policía Estatal.
Los compañeros del caído le decían que no grabara, pero hizo caso omiso, acercándosele momentos después el Coordinador Operativo de la Policía Fuerza Tamaulipas, Demetrio Del Angel Flores para gritarle que dejara de filmar, picándole la panza con un lapicero.
Con ésta van dos veces que el mismo reportero se queja de agresión. La primera ocurrió en la sede de la misma corporación, en el mes de marzo, y el ofendido presentó su queja ante la Comisión Nacional de los Derechos Humanos.
No sé, porque yo no acostumbro cubrir notas policíacas, si el compañero se pasa en su afán de tomar las mejores imágenes o si sólo es mala suerte. Lo cierto es que los demás compañeros no han tenido los mismos problemas.
Sé que durante algún incidente como el que se relata, los mandos ordenan establecer un perímetro de seguridad el cual también tenemos que acatar los periodistas a fin de que ellos hagan su chamba. O, ¿para qué creen que es el zoom de las cámaras?
Me decía el titular de la oficina local de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos, Oscar Castro Cantú, que es necesario dar seguimiento a los casos de ataques contra los periodistas.
Para eso precisamente fue creado un programa de la CNDH que se llama Alerta 6, para recibir las denuncias de violaciones a los derechos de los picateclas.
Castro Cantú, enterado que fue del agravio a mi compañero camarógrafo Javier Hernández, me pidió el favor de que lo contactara con él o su familia para
intervenir en el caso, y así lo hice.
Platicando con Javier este jueves, me dijo que sí le hablaron vía telefónica, pero al no contestar él personalmente sólo le dejaron el recado y ya no volvieron a llamar.
Se quejaba de que en la primera denuncia que presentó ante esa oficina, tardaron más de dos meses para que la gente de México lo contactara, así que lo noté muy escéptico en cuanto a la efectividad de los procedimientos de la CNDH.
-Tal vez sólo lo hacen por cuestiones estadísticas,-le comenté.
Y me dio la razón.
En mi larga carrera periodística (34 años al pie del cañón), me han ocurrido muchas cosas.
Recuerdo una vez que me mandaron a cubrir una invasión de terreno por parte de padres de familia que querían construir una escuela secundaria técnica, lo que hoy es la EST 44, en la colonia La Presa.
Llegué con mi camarita reflex, creo que era de la marca Ricoh, a tomar fotos del lugar. Ahí estaban el exalcalde Ernesto Gómez Lira, fallecido, acompañado de otras personas.
Llegó hasta donde yo estaba tomando fotos y me empujó, diciéndome que me fuera de ese lugar, que era un terreno suyo que estaban invadiendo.
Fuera de ahí, han sido pocos los incidentes que me han ocurrido.
Recuerdo también aquel episodio famoso donde mi amigo Miguel Turriza se aventó un clavado en el pavimento, sobre el puente Broncos, cuando cubría una nota sobre uno de los primeros tiroteos entre los militares y un grupo de delincuentes.
Aún podemos ver y disfrutar de ese video en las redes sociales.
En fin, son gajes del oficio.
Uno, como reportero, tiene que entender que estar dentro de la acción puede resultar en situaciones desagradables.
Termino con el refrán pegasiano: «Las circunstancias se presentan cuando es necesario que ocurran». (Eso pasa cuando sucede).


