AL VUELO-Maletas

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Por Pegaso

Andaba yo volando allá, por el área de Las Cumbres, donde tengo mi guarida, ya que no me quería perder el partido de futbol de México contra Corea en los juegos olímpicos.

Me dije a mí mismo: «Mí mismo, con un empate ante Alemania y una goliza a Fiji, ¿qué nos van a durar los coreanos ojos de rendija?»

Pero, ¡oh, decepción! Hado funesto, sino terrible. Ahí estaba de nuevo el fracaso, el destino manifiesto de los mexicanos.

No soy un gran aficionado al futbol, pero entiendo que son once jugadores de un equipo contra once del otro, así que, al menos en teoría, las cosas deben estar niveladas.

La diferencia suele ser la preparación, la disciplina, la habilidad y por supuesto, la mentalidad ganadora del equipo.

Creo que se ha avanzado algo en los tres primeros aspectos pero seguimos estancados en el último.

Recién vi un «meme» que consistía en una foto donde se veía la portería de México de tamaño colosal, mientras que la del contrario era pequeñita, pequeñita.

Así es como ven los futbolistas mexicanos el campo de juego: Al momento de querer meter un gol, la portería contraria se hace chica, pero cuando el contrario lo hace, nuestra portería se vuelve enorme.

Y no se diga en las series de penalties, donde es más difícil que los mexicanos metamos un gol porque siempre de los siempres el portero contrario va a parecer un pinche pulpo, o bien, el disparo sale desviado porque al tirador le tiemblan las piernas.

Es el miedo al fracaso lo que nos hace fracasar.

Somos maletas.

Cuando era un pegaso chaval, allá, en los baldíos cercanos al río Bravo, solíamos jugar una cascarita luego de salir de la escuela.

«El Tuerto» era el líder de aquella parvada de jóvenes futbolistas llaneros.

En los partidos siempre las dos partes se disputaban a «El Chinicas», un gran disparador que hacía que los porteros terminaran con las manos hinchadas; «El Cagao», otro habilidoso delantero y «La Pili», chaparrito pero con gran velocidad en las piernas.

A los maletas nos dejaban en la banca, o si bien nos iba, nos ponían de porteros.

Pero volviendo al tema de la Selección, parece ser que los fracasos reflejan el estado anímico que guarda cada país.

Si México siempre ha estado sumido en crisis recurrentes, es de esperar que los fracasos sean también recurrentes.

Ahí tenemos el caso de Brasil, que de ser una potencia mundial, con cuatro títulos mundiales ganados, ahora parecen unos ratoncitos verdeamarelhos a los que incluso el equipo mexicano les gana, que ya es mucho decir.

En resumidas cuentas, el futbol es como un espejo que refleja lo que somos: Nos acobardamos ante el poderoso pero nos desquitamos con el débil.

Yo veo después de cada olimpiada cómo nuestros atletas paralímpicos se traen varias medallas en distintas disciplinas.

Pienso en voz alta que si hubiera futbol para discapacitados, México se traería la medalla de oro porque ellos sí traen la mentalidad ganadora, a pesar de sus deficiencias físicas.

Por cierto, no creo que el mote de “maletas” aplicado a los jugadores de la Selección se refiera al objeto usado para transportar enseres personales, sino que se trata de un derivativo de la palabra “malo”, como un juego de palabras donde se combinan ambos términos.

Así que si yo digo: Voy a llevar mis maletas al viaje, no piensen que me llevaré a todo el seleccionado nacional.

La frase estilo Pegaso dice así: «El juego de balompié es el asunto con menor trascendencia de los temas intrascendentes». (El futbol es lo más importante de lo menos importante).

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