AL VUELO-Cepillín

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Por Pegaso

Le decían «Cepillín» por su parecido con el famoso Payasito de la Tele.

Volando entre las algodonosas nubes que se niegan a soltar la preciada lluvia, recordé algunos pasajes de la vida de un buen amigo, al que ahora rendimos tributo al imponer su nombre al torneo de ajedrez que se realizará el 10 de septiembre en el Polideportivo.

Víctor González Treviño fue un sujeto genial.

Lo conocí en la plaza principal, cuando iba yo caminando por la banqueta.

Se me acercó un tipo desaliñado, con el pelo largo y la barba crecida. Tras un breve saludo, me mostró varios escritos que contenían unos versos suyos y quería que los publicara en La Prensa, el periódico en el que aún presto mis servicios.

-Busca a Alfonso Buenfild,-fue mi contestación. Él te puede ayudar porque yo sólo soy un reportero de locales.

Luego me olvidé de él, pero unos meses más tarde se presentó conmigo como reportero de otro diario, y a partir de ahí hicimos una sólida amistad.

¿Por qué decidimos honrarlo con un torneo de ajedrez?

Fui idea del líder de la Unión de Periodistas Democráticos, Alejandro Alonso Rico, «Campanino», éste sí, un payasito profesional y además, magnífico artesano piñatero.

«Campanino», conocedor de mi afición por el ajedrez, me interceptó un día, después de mi vuelo matutino y me dijo que Juventino Loo, quien es a su vez Presidente del Frente Amplio de Trabajadores de la Información (FATI) en Río Bravo, continuamente organiza ese tipo de torneos en aquella ciudad, y que estaba dispuesto a apoyarnos para realizar uno en Reynosa.

Buscando el nombre apropiado, quedamos en que nuestro compañero ya fallecido, Víctor González tenía suficientes méritos para recibir el homenaje.

A todos nos pareció bien, pero por supuesto, más a su esposa Yenny Gandiaga, también periodista.

«Vico», como le decíamos sus amigos, fue un sujeto polifacético, gran amante del baile, escritor, poeta, masón y aficionado al ajedrez.

Fue gracias a él que me inspiré para escribir algunos cuentos cortos que ya he publicado en éste espacio. El borrador continúa inédito en el escritorio del Director del IRCA, Moisés García Flores, quien me prometió que sería impreso porque en esa institución había recursos para tal propósito.

En cierta ocasión «Vico» quiso incursionar en el ambiente de los mimos.

Se vistió con una camiseta de rayas blancas y negras horizontales, de mangas largas, pantalón de tirantes, guantes blancos de tela y la cara pintada de blanco.

En la parte alta de la plaza Hidalgo, junto al kiosco, desarrolló una bonita rutina de mímica para beneplácito de quienes ahí estábamos presentes.

A lo largo de los años enfermó varias veces por complicaciones de la diabetes.

La parte inferior de su pie llagaba continuamente y estuvo a punto de perderlo al menos en una ocasión.

«Eres un luchador,-solía decirle. Has lidiado con la enfermedad desde muy joven y aquí sigues».

Gran conversador como era, no podía estarse quieto en los cafés donde solía asistir, como el Tips o La Estrella.

Iba de una mesa a otra, porque tenía una gran cantidad de conocidos, ya fuera del ámbito periodístico, de la literatura, masones o funcionarios públicos.

«¡Ya siéntate, cabrón, parece que traes chincuales»,-le decía en son de broma.

Pero «Vico» no paraba, y mientras la diabetes seguía carcomiendo su cuerpo, continuaba produciendo cuentos cortos y prosa poética.

Le gustaba últimamente relatar situaciones ficticias con tinte policiaco o detectivesco, seguramente influenciado por los problemas de inseguridad que vivimos.

En una ocasión, al leer uno de mis cuentos, me dijo que tenía la oferta de la Fundación Colosio de editar un libro con algunas de sus obras, en el cual libro estarían también otros autores locales. Y me invitó a formar parte de ese selecto grupo.

El libro se editó y hasta la fecha lo conservo con mucho cariño.

Vaya pues, éste pequeño homenaje a mi amigo.

El 10 de septiembre lo recordaremos con el torneo de ajedrez que lleva su nombre.

Mientras tanto, quedémonos con el refrán estilo Pegaso que dice así: «Es necesario que obtengamos goce del placer, puesto que la manifestación vital de nuestro organismo fenecerá rápidamente». (Hay que darle gusto al gusto, la vida pronto se acaba).

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