Por Pegaso
Volaba yo sobre las aguas del río Bravo, frontera entre México y los Estados Unidos, ahí, donde pronto los mexicanos vamos a tener que construir un muro si llega a la presidencia del vecino país el sátrapa y nazi candidato republicano, Donald Trump, o Donaldo Trompa, en español.
Por lo pronto me puse a medir la parte que me va a tocar para ir viendo cuántos ladrillos, cuántas varillas, cuánto cemento y cuánta arena tendré que comprar.
Y es que la visita del magnate gringo dejó un tufo maloliente a lo largo y ancho del país, y la animadversión del populacho contra el Presidente Peña Nieto creció exponencialmente.
Si antes decían que era un pendejo, un ignorante y un pelele, no quiero pensar cómo saldrá este mes en las encuestas de opinión, y sobre todo, en los memes.
Trump, un sujeto que se ha caracterizado por sobajar a los mexicanos, a quienes no baja de delincuentes, apestosos, rateros y narcos, fue recibido casi como un jefe de estado en Los Pinos, la residencia oficial del Presidente de la República.
¿Qué va a pasar con las relaciones binacionales si llega «El Trompas» al gobierno
norteamericano?
Dialogando anoche con un buen amigo, estuvimos de acuerdo en que nada bueno le espera a nuestro país tanto si llega Trump como si llega Hilary.
Por principio de cuentas, el republicano ya dijo que nos hará construir el muro fronterizo y que echará de su país a todos los mexicanos que están en condición ilegal, un promedio de 17 millones, incluyuendo a sus hijos, los llamados «dreamers».
Y si la candidata demócrata gana, también sufriremos las consecuencias de la desafortunada decisión de Peña Nieto de invitar a Donald Trump a nuestro país.
Este último ya dijo que obligará a México a construir el muro fronterizo, que medirá más de 3,100 kilómetros de largo.
Hay quienes aseguran que no se puede presionar a un país en algo que vaya en contra de sus intereses o de sus ciudadanos, porque para ello hay tribunales internacionales.
No sé qué herramientas legales podría usar Trump para hacer que los mexicanos construyamos su muro.
Lo que sí quedó bien claro en mi charla con mi amigo es que los estadounidenses tienen los peores candidatos de su historia: Por una parte, el magnate ególatra, soberbio, narcisista, arrogante, racista y colérico; por el otro, una candidata que no termina de convencer, cuyo mérito más reconocido es haber perdonado el desliz de su esposo, Bill Clinton, con la becaria Mónica Lewinsky.
La moneda está en el aire, -como dice el limpiaparabrisas cuando un automovilista le avienta un peso-. Las encuestas favorecen a la Hilary, pero en Estados Unidos cualquier detalle puede voltear la tortilla, así que veremos en el 2017 veremos si el lenguaraz candidato republicano cumple su amenaza.
Nos quedamos con el refrás estilo Pegaso: «Engullo con fruición el suculento platillo consistente en una oblea elaborada a base de masa de maíz, doblada o enrollada, con un guiso en su interior a base de una porción cocida del órgano muscular móvil situado en el interior de la cavidad bucal del mamífero denominado científicamente Bos taurus». (De lengua me como un taco).




