Por Pegaso
Recostado en una de esas nubes rojizas que se ven en los bellos atardeceres de Reynosa, me puse a revisar mis correos electrónicos y a navegar por los mares procelosos de Internet a fin de actualizarme en los más edificantes y conspicuos temas, de esos que edifican el espíritu del hombre.
Y me encontré con un interesante video que relaciona el archiconocido programa de El Chavo del Ocho con los siete pecados capitales.
Para empezar, el autor del video revela que el autor de la serie cómica, Roberto Gómez Bolaños, «Chespirito», introducía maquiavélicamente mensajes subliminales en los capítulos que se transmitían por la televisión abierta a millones de personas.
En una especie de teoría de la conspiración, lo señalan como el principal responsable del lavado de cerebro de los televidentes durante muchos, muchos años, y creo que todavía hasta hoy porque se siguen proyectando algunos capítulos de El Chavo y el Chapulín Colorado.
En fin, el video hace referencia a los siete pecados capitales identificados en cada uno de los personajes:
-El Chavo del 8, la gula, porque siempre está deseoso de comerse una torta de jamón, aunque casi nunca lo logra.
-Ron Damón, la pereza, ya que prefiere la vagancia que conseguirse un trabajo.
-Doña Florinda, la ira, cuando le pone sus cachetadas a Ron Damón.
-El Profesor Jirafales, la lujuria, porque siempre anda sobre Doña Florinda.
-El señor Barriga, la avaricia, ya que en todo momento se le ve cobrando la renta.
-Quico, la envidia, porque a pesar de tener muchos juguetes, siempre envidia los ajenos, por humildes que sean.
-La Chilindrina, la soberbia, porque cree que es más lista que sus compañeros de vecindad.
Coincidencia o no, Chespirito también es acusado en las redes sociales conspiranoicas como ladrón de ideas, empezando por la clásica melodía que introducía el programa de El Chavo, cuyo nombre original es La Marcha Turca de Beethoven y que después actualizó el francés Jean-Jacques Perrey con el título (Elephants Never Forget [Los Elefantes Nunca Olvidan]).
Otro video muestra a Doña Florinda en su restaurante con una carpeta donde se ve el Hojo de Horus, llamado Udyat en idioma egipcio antiguo por poseer poderes mágicos.
Mensajes subliminales o no, el programa era muy divertido porque siempre llegaba el señor Barriga a la vecindad y El Chavo lo recibía con un golpe en el abultado abdomen, generalmente con la pelota de Quico.
Nos desternillábamos de risa cuando Ron Damón recibía las cachetadas de Doña Florinda y luego se ponía a saltar sobre su vieja gorra de tela, o cuando Quico le decía: «¡Chusma, chusma, Ptrrrrrrr!».
En nuestras infantiles mentes, ajenas a toda malicia, no cabía aún el pensamiento crítico, ni pensábamos que con ese programa nos estaban aleccionando para aceptar la pobreza como algo deseable y divertido.
Quien creció viendo El Chavo del 8 aún piensa que era un programa de humorismo blanco e inocente.
Nadie se preguntó, por ejemplo, qué hacían El Profesor Jirafales y Doña Florinda cuando mandaban a Quico a la tienda, o en qué pasaba el tiempo La Bruja del 71.
Ron Damón, seguramente, se iba a algún billar o cantina a echarse sus alipuses y a jugar con otros vagos del vecindario.
El Chavo se metía en su barril, que en realidad era una entrada secreta al departamento número 8, donde según una versión, vivía el fantasma de una mujer que murió asesinada, posiblemente su madre.
Todos esos subliminales pasaron desapercibidos durante mucho tiempo en nuestro tierno intelecto.
El Chavo del Ocho está llamando ahora la atención de verdaderos especialistas en sociología y psicología que buscan estudiar los efectos que tuvo en muchas generaciones durante tantos años.
Yo les recomendaría además que estudien también a El Chapulín Colorado.
El Chapulín es un ¿super? héroe mexicano tan torpe que a cada momento se tropieza con todo lo que está a su alrededor.
Flaco, chaparro, debilucho y estúpido, debía ser la antítesis del héroe, pero no: Chespirito lo dotó de superpoderes, por ejemplo, tiene la capacidad de encogerse gracias a la pastilla de Chiquitolina, cuenta con un mazo de plástico que es más poderoso que el Mjolnir (el martillo de Thor) y además, aparece de la nada cuando alguien lo invoca.
Pero el mayor poder de El Chapulín es que siempre logra salir victorioso de cualquier situación, a pesar de que en ocasiones ni él sabe por qué.
En un capítulo de El Chavo aparece al mismo tiempo El Chapulín, gracias a un trabajo de edición.
El Chapulín, según se observa, era el héroe favorito de El Chavo, y en una versión alternativa, éste se convierte en aquel durante su vida adulta.
Los personajes de Chespirito son retomados en las redes sociales por los fanáticos y convertidos en algo muy diferente.
Aparece en un video un personaje vestido como El Chapulín Colorado, atado con una cuerda en una silla.
-Me decepcionas,-dice un hampón, propinándole un golpe en el rostro. No eres digno de ser el hijo de El Chapulín Colorado.
Momentos después, el personaje aprovecha un descuido y se suelta las manos para decir enseguida la famosa frase: «No contaban con mi astucia».
En un segundo tunde a los malhechores y suelta una bomba en el interior de la bodega donde estaba cautivo. La bomba estalla, pero El Hijo de El Chapulín colorado logra salir sonriendo de aquel lugar en llamas, con la música de fondo que acompañaba a su padre cuando se aparecía cuando era invocado.
¡Ahhh, los personajes de nuestra infancia!
Mejor nos quedamos con el dicho estilo Pegaso, que no tiene nada de subliminal: «Arbusto que se desarrolla en forma no lineal…, es arrastrado por la creciente; no…, crustáceo que entra en sueño, difícilmente tenderá a enderezarse… Bueno, ese es el sentido». (Arbol que nace torcido…, se lo lleva la corriente; no…, camarón que se duerme, no se endereza jamás… Bueno, la idea es esa».


