Por Pegaso
Andaba yo volando allá, por las alturas, surfeando entre los cumulonimbos, estratos y cirrostratos, escuchando a lo lejos, proveniente de algún aparato de radio, aquella canción que dice: «Sabor de engaño tienen tus ojos cuando me miras, sabor de engaño tiene tu boca cuando me besas…»
Y es que hasta ahora nos vamos dando cuenta de la tremenda chamaqueada que nos dieron a todos los mexicanos con el tema de la visita de Donaldo Trompetas a México y el muro de la vergüenza que pretende que construyamos los mexicanos.
A toro pasado, algunos analistas políticos empiezan a vislumbrar las verdaderas intenciones de esa novela, del enorme culebrón que resultó ser la controvertida y bastante chusca presencia del botarate en nuestro país.
Era para montar una cortina de humo sobre lo que ya estaban preparando: El nuevo recorte presupuestal, el aumento a las gasolinas y la devaluación del dólar.
No es la primera vez que un personaje de talla internacional se presta a ese tipo de jugarretas de los que mandan en México.
A principios del año nos visitó el Papa Pancho I, quien trajo bien puestas las rodilleras.
Sin que nadie le pidiera su opinión, metió su cuchara en el multicitado tema del muro y se fue muy campante al Vaticano.
Y mientras la mayoría católica aún saboreaba las palabras del pontífice, ¡pácatelas! un gasolinazo.
Ahora, con la visita del Trompetas, los que manejan la política y la economía del país hallaron una excelente cortina de humo para hacer prácticamente lo que se les venga en gana.
Para el 2017 habrá menos presupuesto, tendremos más impuestos, la gasolina será más cara y todos seremos más pobres.
Yo me pregunto qué quiso decir el nazi cuando declaró que los mexicanos tendríamos que pagar el muro.
¿No será esa la forma en que lo vamos a amortizar?
Ya me imagino el diálogo que tuvieron Trump y Peña Nieto:
-EPN: Oye, Donald, ¿y cómo le vamos a hacer para pagar tu muro?
-DT: Mirar, Henry Rockhill Grandchild: Simplemente con que tú aumentar el precio de la gasolina y subir impuestos a los mexicanous. Yo encargarme de que pagar más por las visas americanas.
La cortina de humo creada por ese episodio negro no es la primera ni será la última.
Hay que adivinar detrás de todo ello la infame presencia del ex presidente Carlos Salinas de Gortari padrino y asesor de Peña Nieto.
Hagamos otro ejercicio de imaginación sobre la manera en que se planeó meticulosamente la visita de Trump para distraer la atención de todos y meter a chaleco el tijereteado presupuesto del 2017:
-Carlos Salinas: ¡Hola, Enriquito!¿Cómo te ha ido?
-Peña Nieto: Muy mal, doctor. He empezado a sospechar que los mexicanos no me quieren.
-CSG: ¿Por qué lo dices?
-EPN: Pues es que en las redes sociales no me bajan de pendejo, critican a mi esposa la Gaviota todos los días y a todas horas. Ya no hallo cómo hacer para que me autoricen los recortes presupuestales del año próximo.
-CSG: Mira, pen…, digo, Enriquito: Hay que buscar una forma práctica de distraer la atención. ¿Por qué no invitas a Hillary a que visite Los Pinos? Yo creo que de esa forma distraeremos la atención de los diputados, senadores y de todo el pueblo…
(En ese momento interviene su inseparable consejero, Josep Marie Córdoba Montoya):
-JMCM: Oye, Caglos, ¿no seguía pgefeguible que Enguique invitaga a Donald Trump? Cgeo que el tema del mugo es más polémico que los cuegnos de la Hillary.
-CSG: Muchas gracias, doctor Córdoba. Creo que tiene razón. Mira, Enriquito, envíale a Trump la invitación y dile que digo yo que tiene que seguirnos el juego, si no quiere que le quitemos a las viejas más sabrosas de su concurso de belleza y le enviemos a las bodoquitos del zumba de Reynosa.
-EPN: Muchas gracias, doctor. Así lo voy a hacer.
Y Peña Nieto se fue a Los Pinos para hacer la llamada a Donald Trump, quien ni tardo ni perezoso se vino a México a aventarnos más estiércol.
Aquí los dejo con el refrán estilo Pegaso: «La praxis política consiste en degustar materia fecal evitando cualquier tipo de gesticulación». (El arte de la política consiste en comer caca sin hacer gestos).


