Por Pegaso
Sentado en mi mullido cumulonimbus me puse a ver y escuchar el debate entre Hillary Clinton y Donald Trump, nada más para ver qué trae cada uno de los candidatos a la Casa Blanca en el morral.
De entrada, noté que el magnate no puede sacudirse la ira, la cólera y la sinrazón que siempre lo acompaña en sus presentaciones en público, gesto adusto, cero sonrisas y un brillo maligno en los ojos.
Por el contrario, con todo lo que se dice de ella y su esposo, el expresidente Clinton, Hillary lució segura de sí misma, siempre sonriente y con buena vibra.
La percepción general fue que la aún Secretaria de Estado fue la ganadora de éste debate, y más cuando el Trompetas se refirió a que su contendiente no tiene la fuerza necesaria para hacer que en el mundo se respete a los Estados Unidos.
Ese pensamiento misógino quizás sea la tumba de su campaña, porque aunque no lo dijo, insinuó que por ser mujer carece de esa fuerza necesaria para hacer un buen papel al frente del país más poderoso del mundo.
Y la Hillary rápido aprovechó la debilidad de su oponente al mencionar que a él sólo le gusta organizar concursos de belleza, que para eso quiere a las mujeres y que éstas, además, deben ganar menos que los hombres en trabajos iguales. ¡Zassss!
Yo no sé por qué los asesores de la señora Clinton, que se han gastado una buena lana en buscar y publicar lo malo del milloneta con cara de perro chato no han aprovechado una circunstancia que les daría una gran ventaja.
Desde hace mucho los «estudiosos» de la biblia esperan que se cumplan las profecías del Apocalipsis, y en cada personaje siniestro de la historia han visto la figura del Anticristo, señal del final de los tiempos.
Viendo las firmas de Hitler, de Mussolini y de Donald Trump, se nota claramente una similitud, con razsgos fuertes, grandes, angulosos, propios de sujetos impulsivos y coléricos.
En su momento fueron identificados con el Anticristo tanto César, el emperador romano, como Napoleón (no el cantante, sino Bonaparte) y los dictadores arriba mencionados, Hitler y Mussolini.
¿Qué pasaría si llega Trump a la presidencia de los Estados Unidos? ¿Lanzaría bombas de inmediato sobre Iraq o sobre Corea del Norte? ¿Entraría en un conflicto con China? ¿Deportaría a todos los migrantes ilegales a México y se llevaría a las viejas más buenotas?
Da miedo pensar en lo que haría este orate, con todo el poder en sus manos.
Para el siguiente debate la Hillary puede empezar de la siguiente manera:
-Después de primera confrontation mi equipou de campañas y yo vimos a Donald meterse a un table dances para reclutar mujeres para un concurso de belleza. De ahí se fue a un templou satánico para reunirse con sus seguidores y adoradores.
La respuesta de Trump, me imagino que sería la siguiente:
-Yo sólo ir a visitar a my sister que trabajar en exclusivo bar and lounge, y de ahí me fui a echar unas chelas con los cuates para celebrar mi triunfo en el debate.
Y así por el estilo.
Vamos a ver qué pasa. Hay que recordar que estamos viendo sucesos inéditos, como la llegada de un negro a la presidencia de Estados Unidos, un Papa latino y ahora, quizás una mujer mandando desde la Sala Oval de la Casa Blanca.
Nos quedamos con el refrán estilo Pegaso y dice: «Existe mayor tracción soportada por el tejido capilar de un individuo humano de género femenino, que el ejercido por un par de ejemplares de Bos taurus, ungidos al yugo». (Jala más un pelo de mujer que una yunta de bueyes).


