Por Pegaso
Andaba yo volando allá, en la zona centro de Reynosa, viendo cómo algunos grupos de personas llegan a la Presidencia con pliegos petitorios, porque, según dicen, sus colonias están en el más completo de los abandonos.
Y aterricé ahí, frente a la fachada del palacio municipal donde ya estaban algunos compañeros periodistas discutiendo por WassApp cómo debe ser la atención a los medios de comunicación por parte de los funcionarios públicos.
Lo que ví fue para alarmarse, porque empiezan a formarse bandos, uno afín a las nuevas autoridades y otro en contra.
Eso representa una peligrosa polarización y acentúa aún más la desunión del gremio periodiquero.
Pero bueno. Ahí mismo pude saludar a varios amigos, entre los cuales algunos tienen ribetes de intelectuales.
Yo, que soy un Pegaso autodidacta, me quedo pasmado con tal sapiencia, con tal dedicación al estudio aún cuando, me dicen ellos, apenas tienen la secundaria.
El primero, un hombre de edad avanzada, pelo cano y ojos azul acero, con primaria terminada, se considera a sí mismo como una especie de genio. Dice que todo lo que hace le sale bien y se considera a sí mismo un hombre feliz.
Asegura que ha inventado un método infalible para la enseñanza del idioma inglés y cuenta además con un basto acervo cultural.
Lástima que no sabe escuchar y de su boca sólo sale una interminable perorata con la que busca demostrar sus puntos de vista y sólo los suyos. No admite que los demás también pueden tener la razón.
Algunos periodistas le han puesto el mote de «el toro mecánico», porque nadie le aguanta dos minutos.
Otro de mis amigos intelectuales, también con escasa preparación académica, pero con un profundo conocimiento de astronomía, literatura y otros temas, carga siempre un librito en su mano.
En ese libro viene escrito su nombre.
Pude hojear el ejemplar y ver cómo desarrolla con conocimiento de causa algunos temas sobre la mecánica de los planetas, la formación del sistema solar y el descubrimiento de nuevos cuerpos celestes.
Me quedé anonadado.
Y más cuando empezamos a hablar de fenómenos como la sincronización lunar, la tectónica de placas o la relatividad.
El tercero no estuvo ahí ayer, pero hemos cultivado una gran amistad a lo largo de los últimos meses.
Pudo terminar la educación secundaria en el ITEA, pero es un autodidacta completo.
Desde niño se interesó por la lectura de los libros, pero por desgracia se inclinó hacia lo esotérico.
Actualmente es gurú, practicante de medicina ayurveda, acupunturista y conferencista.
Al igual que los demás, domina un amplio rango de temas y esgrime argumentos científicos para tratar de demostrar sus propias teorías.
Son intelectuales por méritos propios y yo les guardo una gran admiración por el simple hecho de poner a trabajar sus neuronas.
Por eso, aquí está el dicho estilo Pegaso: «En este lugar el individuo con menos piezas dentales es aquel que tritura con las encías una mayor cantidad de barras de acero utilizadas para la construcción de vías férreas». (Aquí, el más chimuelo masca rieles).


