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AL VUELO-Libro

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Por Pegaso

Andaba yo volando allá, sobre el Parque Cultural Reynosa, viendo cómo la gente empieza a caminar, a trotar y a correr cada día más para mejorar su estado de salud; pero a las que sí extrañé es a las bodoquitos del zumba, quienes solían deleitar a los deportistas que pasaban por el foro del parque con sus sensuales movimientos de cadera y sus ebúrneos cuerpecitos de tololoche.

Después de mi vuelo vespertino me puse a revisar los chispeantes comentarios de mis compañeros del WassApp.

Y por ahí apareció la sugerencia del ex regidor Alejandro Castrejón Calderón para que la raza periodiquera se animara a escribir un libro, aprovechando sus mil y una peripecias con los políticos y personajes de Reynosa.

Quienes nos apuntamos para cristalizar ese anhelado proyecto fuimos tres: René Martínez Bravo, Miguel Domínguez y un servidor, Pegaso.

En ese momento nos pareció una idea brillante. Inmediatamente René se apuntó para coordinarnos y organizar una reunión a fin de avanzar en nuestro propósito.

Ya pasó un mes y de René, ni sus luces. Tampoco Miguel ha dicho «ésta boca es mía».

Creo, pienso, que el tema ya se enfrió.

Particularmente considero que los periodistas le debemos a Reynosa un buen libro donde se describan las divertidas aventuras de los comunicadores locales, aderezadas con historias verídicas o inspiradas en personajes y hechos reales.

Hace ya varias décadas, Don Ricardo Arroyo Rubio, periodista y prolífico escritor, editó varios libros de su inspiración, entre ellos, «Historias de Invierno», precisamente con relatos y vivencias que transcurren desde la óptica de un personaje ficticio que llamó Jacinto Treviño.

Fuera de él, sólo los historiadores han sacado a la luz pública sus opúsculos con datos ya conocidos o poco conocidos de nuestra ciudad y su gente.

Quizá me equivoque y mis compañeros René y Miguel ya están haciendo su parte, elaborando algunas anécdotas que después nos presentarán en ése ansiado libro.

Yo, por lo pronto, confieso que ya tengo escritas algunas jocosas historietillas relacionadas con el quehacer periodístico.

Incluso quise hacer una edición impresa de un compendio de cuentos que llamé «Al Vuelo», igual que ésta columna.

Le mandé el original, encuadernado y en formato digital al ex director del IRCA, porque me dijo que había presupuesto para hacerlo, pero la nuez me salió vana y Moisés García Flores nunca le dio adelante a mi proyecto.

Hay uno que llamé Ántrax, donde un reportero policíaco llamado Mariano Castro Arenas (nombre ficticio) llega a una vivienda en la cual se recibió de Nueva York una carta sospechosa, en plena época de psicosis por los atentados terroristas a las Torres Gemelas.

Y ahí, sin saber siquiera el peligro al que se exponía, Castro Arenas acomodó el sobre para tomarle una foto con su cámara reflex.

En la segunda historia que titulé El Búnker, aparece un personaje muy conocido y muy querido para nosotros: Carlos Barrera.

Se relata aquella vez que ofreció diez mil dólares por la cabeza de cada policía gringo, luego que en Estados Unidos se anunció una cacería de ilegales.

Tras sus incendiarias declaraciones, arribaron aquí una nube de agentes de la CIA, Interpol, FBI, KGB e Inteligencia Militar, buscándolo para llevarlo a alguna cárcel de alta seguridad del vecino país.

Fue en su momento uno de los más buscados del mundo, junto a Osama Bin Laden.

El Vampiro es otro cuentecillo procaz.

Alonso Revilla tuvo la brillante idea de crear la historia de un vampiro para vender más periódicos.

Aprovechó el accidente de un trabajador para hacer creer que un chupasangre había llegado a la ciudad y empezaba a cobrar víctimas.

Fue un hecho real que el mismo periodista admitió, antes de su fallecimiento.

Tengo otra historia que no incluí en el fallido proyecto de libro. Se llama Accidente.

Un avispado periodista de nota roja, El Flaco Tobías, llega hasta donde está el agonizante chofer de un vehículo pesado y lo empieza a apabullar con preguntas, en lugar de ayudarlo a salir de aquellos fierros retorcidos.

¿Y ya les conté el del pedo de Don Lupito Ramos? Andaba en una tienda departamental y le dieron ganas de soltar el cuerpo, así que se escondió detrás de unos maniquíes; pensando que estaba solo, soltó una sonora ventosidad, con tan mala suerte que uno de los maniquíes en realidad era una pomposa señora de la alta sociedad, la cual se retiró de inmediato con cara de fuchi.

¡Venga ese libro, René! Juntémonos para elaborar un opúsculo que sirva de solaz y esparcimiento para miles de reynosenses.

Por lo pronto nos quedamos con el refrán estilo Pegaso, y dice: «Es necesario proporcionar satisfacción a nuestro espíritu sibarita, puesto que la actividad vital del ser humano no es muy duradera. Con total certeza, en el momento en que cesen nuestras funciones vitales, únicamente llevaremos con nosotros un puñado de material arcilloso». (Hay que darle gusto al gusto, la vida pronto se acaba; ya muerto voy a llevarme nomás un puño de tierra).

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