Por Pegaso
«No somos organismos patito»,-dijo el Presidente de la Federación Noreste de COPARMEX, Juan Filiberto Torres Alanís previniendo la reacción de los líderes de CANACO o CANACINTRA, cuando casi les dijo que obedecían a intereses particulares por no firmar un documento donde la sociedad civil exige tres consejeros ante la COMAPA.
Y es que andaba yo volando allá, por la populosa avenida Mil Cumbres, donde se encuentra la sede de la Cámara Mexicana de la Industria de la Construcción (CMIC), lugar en que se llevó a cabo una conferencia de prensa con representantes de esa misma cámara, de COPARMEX, de CANACAR, del Colegio de Arquitectos, de Ingenieros Civiles y del Club de Leones.
Por supuesto, no estuvieron presentes las cámaras más importantes y de más rancio abolengo, como son la CANACO y CANACINTRA. Tampoco hicieron acto de presencia INDEX, la Asociación de Agentes Aduanales, RAMAC o el Colegio de Abogados, por citar las más representativas.
El divorcio de las agrupaciones de la sociedad civil no es nada nuevo. El año pasado, en plena elección para diputados federales, la COPARMEX organizó un evento que fue boicoteado por comerciantes e industriales.
En aquella ocasión se vio una clara tendencia de COPARMEX a favor de los candidatos del PAN, en tanto que CANACO y CANACINTRA se cantearon hacia el PRI.
Lo que son las cosas; ahora COPARMEX y sus aliados luchan contra la Administración panista para que se reconozcan los tres consejeros que propusieron, en tanto que los canacos y canacintros se mantienen fieles no al PRI, que salió de la ecuación, sino al Gobernador Cabeza de Vaca.
Presente que estuve en la rueda de prensa de ayer, se me quedó grabada la frase de Torres Alanís: «No somos organismos patito».
Consultando con mi amigo Yahoo pude encontrar el origen de dicha palabra, aplicada a todo aquello que es barato o corriente.
Ahí alguiene escribió: «En los años sesentas en México las marcas comerciales eran pocas y muy bien establecidas. La opción era comprar a granel, por ejemplo, un cinco de brillantina.
La televisión era novedosa y de seguro ya había visionarios que palpaban el poder de penetración de ese medio y en medio de todo eso, salió un producto que se llamaba «Pino Patito» para hacerle la competencia a «Pinol». Tenía un precio más bajo y una propaganda muy intensa. El habla popular incorporó el término para referirse a productos de baja calidad o de dudosa procedencia (Pinol pertenecía a un grupo regiomontano que ostentaba el pomposo nombre de «Alen Chemical Group», Alen por Alejandro y Enrique, fundadores) y se hizo muy popular en medio de la crisis de oferta educativa para los jóvenes de bajos recursos, cuando surgieron como hongos una multitud de «universidades» que ofrecían títulos sin más valor que el papel en el que estaban impresos».
Hay un equivalente en Estados Unidos, que es la marca ACME.
En los dibujos animados se ve al Coyote persiguiendo al Correcaminos en medio de peligrosos abismos y cactus de agudas espinas.
Rufus, el coyote, enciende un cohete marca ACME con unos patines incorporados para superar la velocidad del escurridizo correcaminos, pero la baja calidad del producto siempre le juega mal y acaba estampado en la roca, a varios cientos de metros de profundidad.
Y para acabarla de chingar, siempre le cae una piedrota en la cabeza y termina convertido en acordeón.
Luego entonces, lo que quiso decir el dirigente de COPARMEX es que les cae gordo que los líderes de las cámaras de comercio e industria les digan que son organismos chafas o baratos.
El abismo creado entre las agrupaciones más representativas de la sociedad civil no es asunto menor, si se toma en cuenta que en teoría, deben ser el contrapeso idóneo para que la autoridad mantenga el rumbo correcto en su tarea de gobernar.
Quédense, lectores amigos, con el dicho mexicano estilo Pegaso: «Invariablemente las plantas de cereal del género Triticum cultivadas por el propietario de un terreno limítrofe con el nuestro cuenta con un tono áureo más intenso». (Es más dorado siempre el trigo del vecino).




