Por Pegaso
Andaba yo volando sobre el límpido cielo de Reynosa, disfrutando de los primeros vientos invernales, observando cómo la gente empieza a colocar sus adornitos navideños en el jardín y sus lucecitas de cascada en la fachada de las casas preparándose para la inminente llegada de la Navidad.
Sin embargo, hay algo que amenaza con amargarnos los festejos de fin de año.
El día 9 de noviembre se definirá quién será el nuevo inquilino de la Casa Blanca, o sea, quién será el Presidente de los Estados Unidos.
Si gana la Jílari, México pierde.
Si gana El Trompas, el mundo pierde.
Antes de que me echen el caballo encima por tan lapidarias frases permítaseme dar una explicación: Nuestro brillante Presidente y sus no menos inteligentes asesores tuvieron la peregrina idea de invitar a los candidatos gringos a visitar Los Pinos, con tan poco tino que primero le corrieron la atención al Trompas.
Con las rodilleras bien puestas, Peña Nieto lo recibió como se recibe a un jefe de Estado, lo que evidentemente molestó a la Jílari y ésta se negó a ser plato de segunda mesa.
Y la historia así se escribió.
Si Jílari se convierte en la primera mujer presidenta de los Estados Unidos, tenga por seguro que habrá menopáusicas represalias políticas.
Si El Trompas gana, ¡agárrate, mundo!
Locos ha habido que llevan a naciones enteras a la guerra. Recordemos a
Mussolini, a Hitler, a Napoleón, a Julio César.
Todos ellos tuvieron algo en común con El Trompas: Pensaron que hacían lo correcto.
Quiero a continuación que mi mensaje llegue a todos los rincones de los United States para que sepan qué tipo de maniático estará en el poder en los siguientes años y cuál es el riesgo al que estarán expuestos antes de emitir su voto a favor del Trompas.
En primer lugar, no es el millonetas que pretende ser.
Asegura que tiene más de 10 mil millones de dólares en la buchaca, pero la verdad es que quitándole todo lo que debe le quedarían apenas unos 400 milloncillos.
Eso lo convierte en un pobre charalito entre los grandes tiburones del capital gringo.
Hay testimonios de algunos de sus antiguos trabajadores en relación a la construcción de sus fastuosos edificios, gracias a la mano de obra casi esclava.
Se dice que les pagaba menos de un dólar por hora a los migrantes ilegales que contrataba y que los obligaba a dormir ahí mismo para que cuando llegaba alguna auditoría, rápidamente pudieran esconderse en algún rincón del edificio.
Parte de su lana la ganó en las apuestas, en Atlantic City. Hay quienes no lo bajan de ludópata, es decir, adicto a los juegos de azar.
A pesar de su manifiesto desprecio por los latinos, es famoso por organizar el mayor concurso internacional de belleza, donde gana muy buena lana gracias a la belleza de las mujeres de piel morena.
La amenaza de obligar a México a construir un muro fronterizo no sólo evidencía su magalomanía, sino que amenaza con romper las relaciones comerciales con uno de los socios más importantes de su país.
Además, basta verle la cara.
Una disciplina que ya está en desuso, la frenología, consistía en el estudio de los rasgos faciales y corporales para obtener un perfil psicológico de un individuo.
Si aplicáramos la frenología en El Trompas, veríamos que se trata de un sujeto colérico, intolerante, racista, megalomaníaco, irascible, lépero, arrogante y engreído.
Ya lo decía el Filósofo de Guemez al sintetizar esa idea en una sola frase: «Si tiene cara de buena gente, es buena gente, si tiene cara de bandido, es bandido, y si tiene cara de ratero…, no le prestes dinero».
Su personalidad (la de El Trompas, no la del Filósofo) lo lleva a tratar de imponer a la fuerza sus puntos de vista. No admite que se le rebata, y si es necesario llegará hasta las últimas consecuencias para demostrar que tiene la razón.
Eso significa que los musulmanes, a quienes tanto odia, son todos terroristas y es necesario borrarlos de la faz de la tierra.
La mano de El Trompas será, en caso de que llegue a la Casa Blanca, la que apriete el botón del Fin del Mundo.
Nos quedamos con una frase del Filósofo de Güemez al estilo Pegaso: «De carrillos abultados, de vientre prominente y de ebúrnea región glútea, perezoso el macho cabrío». (Cachetón, panzón y nalgón, huevón el cabrón).




