Por Pegaso
Andaba yo volando allá, por el rumbo de la carretera a Río Bravo, porque me habían dicho que se iban a reunir un titipuchal de campesinos en protesta porque Quique Peña Nieto les quiere recortar 22 mil millones al presupuesto del 2017.
Ese recorte, según los poco más de mil quinientos manifestantes que vinieron de Méndez, Burgos, Cruillas, San Fernando, Matamoros, Río Bravo, Valle Hermoso, Díaz Ordaz, Camargo y Miguel Alemán, afectará la producción agrícola de manera importante.
Por ahí alguien traía una piñata con el rostro del Secretario de Agricultura, José Eduardo Calzada Rovirosa, ataviada con su trajecito negro, su corbata y sus zapatos de marca.
Le pasaron una reata por el cuello y la colgaron de un trascabo, queriendo muchos de ellos que fuera el Secretario en persona el que estuviera en lugar de la piñata.
Luego hicieron un hoyo y sepultaron un ataúd negro, como simbolizando la muerte del campo tamaulipeco.
Como es su costumbre, llegó el Diputado Federal Edgardo Melhem Salinas para aprovechar el río revuelto. Ahí les prometió que en la próxima sesión de la Cámara de Diputados subirá gallardamente a la tribuna y exigirá, con el dedo índice y la ceja levantada al estilo de La Doña, que le bajen dos rayitas, que en lugar de 22 mil millones que pretenden tumbarle al presupuesto sean sólo 19 mil millones.
Medio los convenció, pero muchos de los agricultores y ganaderos ahí reunidos se quedaron atufando el bigote, muy amuinados porque dejarán de recibir la lana que todos los años les hacía llegar el Gobierno como subsidio a la producción.
Pero también hay que decir otras verdades. Durante décadas los subsidios gubernamentales han sido mal canalizados. Hasta hace unos quince años el Gobierno absorbía más de la mitad del costo del diesel que se usaba para los tractores y vehículos destinados a las tareas del campo.
Eran los tiempos en que les salía a dos pesos por litro a los productores y se daban el lujo incluso de vender lo que les sobraba.
Pero después vino un primer decreto donde el apoyo se reducía a la mitad, luego al 10% y finalmente, desapareció, se esfumó el subsidio.
Ahora, a como se ve la cosa, el Gobierno Federal no tardará en eliminar el PROAGRO y el PROGAN, dos de los programas más importantes en apoyo a la producción primaria, es decir, a la agricultura y la ganadería.
Se sabe que los que realmente promueven las protestas contra las medidas gubernamentales no son los campesinos de abajo, los de diez o veinte hectáreas, sino los grandes terratenientes.
Al tener mucha más superficie destinada a la producción, reciben millones de pesos en cada ciclo agrícola, y por eso pueden (o podían) darse el lujo de estrenar unas camionetotas del año, comprar todos los tractores que querían, mantener a una o dos queridas y además, irse a Las Vegas cuantas veces se les antojaba.
Creo yo, salvo una mejor opinión, que el subsidio debe otorgarse a los pequeños productores, a los que realmente no cuentan con suficientes recursos para hacer producir la tierra, no a los ricachones y caciques que se han enriquecido durante muchos años gracias a sus conectes, amiguismos y compadrazgos.
Ahora bien, resulta cierto que el recorte causará estragos en el campo mexicano, no sólo en el tamaulipeco.
Pero mientras los productores se comen las uñas esperando que los diputados y senadores se conduelan, éstos se preparan a recibir un abultado aguinaldo, prestaciones, dietas, apoyos y mil conceptos más, para que pasen esta Navidad con júbilo y alegría, acompañados de sus familias en su cálido hogar.
Pero no sólo los diputados obtendrán fabulosas cantidades de dinero. Súmele a los ministros del Tribunal de Justicia, a los consejeros del INE, a los miles de asesores y a todo un ejército de inservibles parásitos que viven de nuestros impuestos.
Creo que si a cada uno le tumban por lo menos la mitad de lo que recibe, los verdaderos productores del campo podrán obtener el PROAGRO y el PROGRAN, corregidos y aumentados.
Mientras tanto, nos quedamos con el refrán estilo Pegaso: “Dirijámonos al abultamiento causado por un proceso inflamatorio o acumulación grasa en la epidermis”. (Vayamos al grano).




