Por Pegaso
Andaba yo volando allá, sobre la plaza principal Miguel Hidalgo porque algunos regidores habían dicho en la sesión de Cabildo que las deficiencias en la recolección de la basura habían originado una plaga de moscas.
Como Pegaso curioso que soy, me fui a constatar personalmente si eso era cierto, así que me constituí (¿A poco estaba desconstituido?) en el jardín público principal, cámara en mano.
Me dispuse a tomar la foto de uno de los contenedores de basura que rezumaba de dípteros, cuando escuché una aguardentosa voz:
-Oye, Pegaso, ¿ya viste cuántas moscas hay?
Era el Gordo de Santiago, un comerciante ambulante que tiene un cubículo en la exposición de artesanías de Oaxaca, Chiapas y Yucatán.
-Tómales más fotos,-me dijo.
Lo saludé y seguí mi camino.
Momentos antes, durante la reunión del Cabildo, mi compañera y amiga Yeni Gandiaga me hizo ver que, efectivamente, una plaga de moscas invade la zona centro de la ciudad.
Estando yo en el café La Estrella desde días atrás había notado la gran cantidad de ellas que se lograban colar al interior.
Al ver las moscas revolotear sobre las tazas de café, me vino a la mente aquella anécdota de un sujeto que acostumbraba comer gratis en los restaurantes.
Siempre traía consigo una mosca muerta, así que cuando ordenaba un platillo, dejaba un poco de comida al último y le echaba el insecto.
En ese momento llamaba a una mesera y le decía:
-¡Mesera! Mi comida tiene una mosca.
Y lo decía en voz alta para que todo mundo se enterara. La pobre dependienta no tenía otra cosa que hacer más que ir con el gerente para decirle lo que pasaba en aquella mesa. Y generalmente el encargado del negocio le pedía disculpas y le decía que no se preocupara por la cuenta, pero que bajara la voz para que los demás clientes no se enteraran.
La mosca doméstica o común es un insecto que tiene mala fama puesto que se alimenta de cualquier desecho que tenga nutrientes, como la basura orgánica y las heces.
Debido a que está presente en prácticamente cualquier lugar, se le considera portadora de enfermedades, ya que después de repostar en la basura donde se alimenta y pone sus huevos, se para en cualquier alimento que encuentra, preferentemente los dulces, dejando bacterias patógenas que pueden pasar al tracto digestivo del hombre.
Por el lado positivo, las moscas contribuyen en el proceso de descomposición de los cadáveres, así que no todo es malo en ellas.
Sirve, además, como palabra comodín en nuestro idioma nacional.
Por ejemplo, cuando alguien está molestando con palabras a otros sobre cierto tema, se dice que le está echando «mosca».
Una «mosquita» es una ayuda económica para alguien necesitado.
Cuando decimos que una mujer es «mosquita muerta», queremos decir que parece inocente, pero que no lo es.
Lo que es una realidad es que la mosca prolifera en un ambiente de escasa higiene.
Si bien es cierto que existe preocupación en Reynosa por el tema de la basura, también lo es que existen todavía problemas para levantar el 100% de los desechos urbanos.
Ví ayer por la tarde cómo los talacheros recogían la basura de los domicilios y la vertían en la caja de un camión recolector.
Tomaban el tanque, lo cargaban en los hombros y lo vaciaban en la caja, pero dejaban en la calle parte del contenido.
Y así, se podía seguir el rastro como si fueran migajas de pan.
Bien harían los señores de Servicios Primarios en recomendar muy puntualmente a los talacheros que tengan más cuidado o bien, que recojan los desperdicios que quedan en la calle porque de ahí viene la plaga de moscas.
Nuestra salud se los agradecerá.
Me despido con el dicho estilo Pegaso: «Ahora. Abstente de arrojarme ejemplares de Musca domestica». (Ora. No me eches mosca).

