Por Pegaso
Andaba yo volando allá, por el Parque Cultural Reynosa, donde ayer por la noche se celebró un colorido evento encabezado por el Gobernador del Estado y la alcaldesa, como inicio simbólico de la temporada navideña.
Por ahí saludé a dos integrantes de una de mis asociaciones filantrópicas preferidas: Los Doctores de la Risa.
La Doctora ADN y la Doctora Sonrisas tenían muy ocupado con sus ocurrencias a mi amigo y colega periodista Miguel Domínguez, corresponsal de El Norte.
Explicábanle en qué consiste la labor de los miembros de la organización, quienes habitualmente acuden a los hospitales, asilos de ancianos y casas hogar de niños a llevar su alegría y buen humor, como una terapia bien probada desde que nació en Estados Unidos con Patch Adams.
-¿Y son ustedes doctores de verdad?-les preguntaba Domínguez.
En varias entrevistas y reportajes que hice en el reciente pasado también tenía esa inquietud, pero luego me explicaron que se dedican a diferentes actividades profesionales, donde hay maestros, empleados, estudiantes y amas de casa, unidos con un solo propósito: favorecer la recuperación de los pacientes mediante la risa.
Y hojeando el sitio de Facebook de la organización, veo con alegría que cada vez es mayor el grupo, pero también que la mayoría de éste colectivo lo componen jóvenes.
En una foto para celebrar el Día Internacional de los Voluntarios aparecen más de treinta y cinco, aunque me dicen que ya son más de ochenta en Reynosa.
Un poquitín más arriba se publica una tarjeta con un collage de fotografías con la leyenda: «¡Felix cumpleaños, Dra. Coquito!».
Pero aparte de llevar sonrisas a los enfermos, los Doctores de la Risa se preocupan por realizar diversas actividades, como la colecta de cobijas y juguetes.
En su Face, promueven un evento llamado «Christmas on the streets 2016», donde solicitan a la colectividad la donación de esos artículos que serán entregados después a personas de condición humilde.
La fecha límite para la entrega de juguetes y cobijas es el día 15 de diciembre.
«Listos para llevar sonrisas, alegría y amor a los peques en hospitales, orfanatos y donde quiera que nos necesiten»,-se lee en un comentario anexo.
Y más adelante otra postal: «¡Feliz cumple, Dra. Muñequitas!».
Reynosa tiene fama de ser una de las ciudades más altruistas de Tamaulipas y quizás de todo México.
La Dra. ADN me dijo: «Pegaso, hay muchos niños que nos necesitan».
Y es verdad, porque no en todos los hospitales hay enfermeras con la cara amable y una tierna sonrisa en el rostro.
Sobre todo en los nosocomios públicos, como el IMSS y el ISSSTE, la mayoría de ellas tienen cara de gorila con diarrea.
Obligadas a atender a destajo a cientos de pacientes diariamente, no es extraño que tengan un carácter huraño y amargado, con un sadismo extremo donde, al momento de aplicar una inyección, buscan la aguja más grande y gruesa para gozar con la angustia de los pacientes.
Es ahí donde se agradece la presencia de las naricitas rojas, de los Doctores de
la Risa.
De repente, un paciente que está a punto de estirar la pata se encuentra con una persona de bata blanca, chongos tipo Chilindrina y una llamativa protuberancia en la nariz.
Entonces, en lugar de pensar en petatearse, suelta la risa y eso le produce una ola de serotonina que le levantan el ánimo de inmediato.
Los viejitos artríticos se ponen a bailar, las parturientas se ponen a cantar y los chamacos a brincar arriba de la cama.
Sí, Patch Adams y el Selecciones del Readers Digest tenían razón: La risa es un remedio infalible.
-Pegaso, ponte para la selfie,-me dijo la Doctora ADN.
-Sí, pero préstame una nariz roja.
-No traigo, pero si quieres te la pongo roja de un chingadazo, me dijo la malora de la Doctora Sonrisas. Y todos reímos, incluso el serio y parco de Miguel Domínguez.
-Bueno,-me despedí. Gusto en saludarlas, ya saben que yo soy Je-je-jesús Rivera, para servirles. Y nuevamente estalló la risa.
(Nota de la redacción: Pegaso se quiso hacer el chistoso imitando a Jo-jo-jorge Falcón).
¡Venga el refrán pegasiano!: «Individuo que tiene una respuesta biológica postrera producida por un estímulo gracioso, suele hacerlo de una manera más efectiva». (El que ríe al último, ríe mejor).,




