Tarjeta roja

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SENCILLITO

Por ALBERTO RODRIGUEZ ROMERO

El tema de los árbitros es sin duda el argumento de la semana, pero no por las implicaciones del futbol, un deporte que me gusta y donde me reitero aficionado de los Tigres de la UANL, de siempre, hasta en segunda división para que no empiecen.

La verdad es que el tema futbolero es uno muy manoseado, de nada sirven las opiniones de comentaristas, de futbolistas ni de directivos, menos del gobierno quien no tiene injerencia en esta empresa privada.

Desde el viernes estoy pensando cómo cuadrar mi idea en el tema del país, de cómo esto es un reflejo de nuestros tiempos, de cómo vivimos inmersos en una violencia donde los árbitros, mientras no los afecte, no pasa nada y todo permiten.

Pero esta mañana de lunes escuché a Carlos Loret de Mola citar a Gabriel Guerra de su columna El Mundo según Guerra y que a continuación transcribo: “Lo sucedido rebasa con mucho lo futbolístico y se conecta con uno de los grandes males de nuestro país: la ausencia de un estado efectivo de Derecho, el descrédito de las instituciones y la falta de respeto de los particulares a las leyes, las instituciones y la autoridad”.

Nadie puede decirlo mejor, es muy clara esta postura del columnista de El Universal, que cito para respetar el origen, medio y los derechos de autor, pero me dio pauta para aterrizar en el estado la idea que me rondaba.

Ya expliqué que los árbitros estatales, el sistema de seguridad pública y procuración de justicia, han hecho mutis en la escalada de violencia que afecta a los ciudadanos.

Sin embargo, cuando ellos son “tocados” por la mano ciudadana con denuncias por malas actuaciones, son los primeros en pegar el grito en el cielo, están desprotegidos, no son respetados y hasta les roban sus viáticos.

Mientras tanto, las autoridades callan ante estas situaciones, no hay respeto de ningún tipo para la ciudadanía, para los aficionados, que a final de cuentas son quienes han mantenido esta organización de poder.

Cuando la autoridad se decida, cuando vea con claridad sus errores tapados con el silencio y la simulación, empezará a sacar la tarjeta roja a los árbitros y a los malos jugadores, pero tristemente, parece que eso está muy lejano.

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