De Cultura y más…
Por Alejandro Capistrán
En el régimen estamental y más aún en el de la sociedad, el individuo no hace diferencia entre su ser personal y su ser social.
El noble cree que su nobleza es una cualidad intrínseca, como también lo piensa de sí el plebeyo. Ésta diferencia sólo puede establecerla el individuo de la clase que se va formando bajo el dominio de la burguesía: EL PROLETARIADO. La competencia y la lucha por ganarse la vida, le hacen tomar conciencia.
El proletariado no puede pensar que el hecho de ser proletariado es propio de su esencia, sino un accidente nefasto por el cual no puede desarrollarse plenamente como persona. Desde ésta perspectiva, se puede decir que, al despertar la conciencia del hombre sobre la inadecuación de su vida a su verdadera esencia, el dominio de la burguesía ha colaborado más que ningún otro régimen social al proceso de liberación del hombre. Y es que, de todas las clases que se han enfrentado a la burguesía, solamente el proletariado ha sido una clase revolucionaria, pero más que clase, ha sido un movimiento expansivo. Las demás clases fueron pereciendo y desaparecieron con el desarrollo de la gran industria; el proletariado en cambio, es el movimiento más peculiar.
Sin embargo, ni el proletariado ha podido influir o más bien, ha podido ganar esta lucha contra los falsos comunistas, los falsos gobernantes que callan a la luz del dinero o que imponen amenazas de sacar tanques militares si no apoyan su decisión como ocurre en Venezuela.
Gracias a estos políticos que piensan ser un mesías, el ser humano tiembla ante la palabra comunismo, pero otra es la realidad. Ya que el comunismo es solamente un fantasma, un ideal que no se ha podido materializar, porque nunca ha existido realmente, sólo han existido unos cuantos verdaderos comunistas que han protestado por los intereses colectivos y otros que nos han instruido con su ideología como Karl Marx, quien nos dejó las verdaderas bases del comunismo al haber escrito “El manifiesto comunista”.



