La Historia de Matamoros (2ª Parte)

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DE CULTURA Y MÁS…
Por Alejandro Capistrán

Retomando la narración de éste maravilloso viaje en el tiempo que dejé pendiente en mi columna, continuo con la administración de Don Francisco García Treviño y Don Macedonio Capistrán, quienes se vieron obligados a construir un fuerte, dado que los rebeldes texanos amenazaban con invadir Matamoros. Este era el Fuerte Guerrero, que se ubicaba en terrenos que actualmente ocupa el Deportivo Ing. Eduardo Chávez, precisamente frente a la Casa Mata, que en aquel entonces no existía aún. Dicha construcción se inició el 28 de Diciembre de 1835, cuando estaban por finalizar su periodo ambos alcaldes.

Pareciera que las máquinas del tiempo no existen mas que en los libros y películas de ciencia ficción, pero conforme avanzo en las páginas de éste bellísimo libro de José Raúl Canseco Botello, me emociona saber más acerca de mi ciudad, donde nací, crecí y donde espero permanecer hasta dar el último soplo de mi corazón.

Prosigo con mi narración… El año de 1836 se recibió con mucho temor, incertidumbre y con mucha sensibilidad por parte de los matamorenses. Sin embargo, aún así celebraron la designación y toma de posesión de sus alcaldes Juan Nepomuceno Molano y Juan Prado, primero y segundo respectivamente.

No obstante, otro acontecimiento que marcaría las vidas de los habitantes de la ciudad, fue a mediados de ese mismo año, 1836, cuando el 9 de Julio hicieran su arribo a la ciudad los restos del ejército del General Vicente Filisola, derrotado en el combate de San Jacinto, donde Santa Anna cayera prisionero. Descalzos y casi desnudos caminaban los soldados y oficiales que a duras penas se habían librado de la muerte en ese fiero combate.

Es increíble saber cómo en aquel entonces las batallas y los combates eran tan comunes, y es que de alguna manera existía la justicia, la empatía y la dignidad humana. Antes nuestros antepasados luchaban por causas nobles y para poder beneficiar y defender al pueblo… ¿Dónde quedó aquel Matamoros? ¿Dónde quedaron los valores y las causas justas?

Con el ejército del General Filisola venía un niño cuyo nombre resonaría en la historia, Ignacio Zaragoza, quien posteriormente se cubriría de gloria al derrotar a las fuerzas francesas, las primeras del mundo, en la batalla de Puebla. Aquel niño llegó a Matamoros donde estudiaría sus primeras letras y pasaría su adolescencia hasta el momento en que se cumpliría su victoriosa cita con el destino.

En ésta parte haré un paréntesis para hablar de un Matamorense destacado por sus proezas; activaré nuestra máquina del tiempo hasta el año de 1853, cuando un joven se presentó en la Guardia Nacional de Matamoros, dándose de alta en el segundo batallón de línea.
Les hablaré un poco del General Manuel González.

Nació el 18 de Julio de 1832, en una humilde choza del rancho “El Moquete” del municipio de Matamoros. Desde pequeño manifestó grandes deseos de emprender la carrera de las armas y en su juventud sólo esperaba la oportunidad para enlistarse en el ejército.

Pero una noche, la ciudad fue atacada por filibusteros rapaces y la Guardia Nacional de Matamoros hizo un llamado a la ciudadanía para que ayudaran a defender la plaza y adivinen quién fue uno de los primeros en acudir; sí, precisamente Manuel González pidió ser enlistado permanentemente, dando pruebas inequívocas de su valor, de su patriotismo y de su arrojo en la lucha contra los filibusteros.

Su inteligencia, sus dotes naturales de estratega y su lealtad a toda prueba, hicieron que Don Manuel González escalara para 1855 al grado de subteniente a las órdenes del coronel Joaquín Castro; y en ese mismo año, con su flamante grado, salió de Matamoros rumbo a la ciudad de México.

Fue uno de los más fieles seguidores de Porfirio Díaz y para el año de 1880, fue electo presidente constitucional de la República. Durante su administración se fundó el Banco Nacional de México y se fomentaron toda clase de obras. Sin embargo, después de haber sido presidente, fue electo gobernador de Guanajuato, en donde también fue muy querido y admirado.

Murió el 8 de Mayo de 1893 y sus restos descansan en la rotonda de los hombres ilustres del panteón de Dolores y en su monumento puede leerse esta significativa sentencia:

“Era un brazo nomás, pero de bronce; una mano nomás, pero de amigo”…

Continuará…

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