DE CULTURA Y MÁS…
Por Alejandro Capistrán
Qué tal, amigo lector, te saludo de nueva cuenta, como en cada publicación de ésta columna que me es posible escribirla y publicarla, gracias a tu interés cultural.
Quiero que volvamos a activar nuestra máquina del tiempo para revivir la historia de nuestra ciudad, imagina que a un costado de donde estás sentado o sentada, se encuentra un botón rojo, me gustaría que lo oprimieras y yo me encargaré del resto, ¿Listo?
Todo Matamorense desde muy pequeño ha escuchado hablar del museo Casamata, patrimonio histórico de nuestra ciudad, pero qué tantos relatos envuelve aquél museo que antaño fuese un Fuerte…
Corría el año de 1845 cuando el General Manuel Rodríguez de Sela iniciara la construcción de la Casamata, siendo continuada por el General Juan N. Cortina y concluida por Don Tomás Mejía en el mes de Abril de 1865.
El Fuerte Casamata se usaría como arsenal por un espacio de muchos años y en las paredes del lado norte fueron fusilados innumerables prisioneros políticos, a quienes no se les abrió proceso alguno. Pudiera decirse que el Fuerte Casamata fue la continuación del Fuerte Guerrero, pero debe notarse que uno estaba frente al otro, ¿Recuerdas que en la 1ª Parte de La Historia de Matamoros hablé del Fuerte Guerrero? Es donde en la actualidad se encuentra el deportivo Eduardo Chávez.
Pero la Casamata, ubicada actualmente en las calles Guatemala y Santos Degollado y siendo ahora un museo, representaba para el Matamoros de 1865 una sólida muralla para la defensa de la ciudad, ya que en esos años donde las batallas y los enfrentamientos eran el pan de cada día, su ubicación se encontraba en despoblado, en la salida de lo que se llamó “Puertas Verdes”, que era el antiguo camino a Bagdad y también a lo que es ahora el ejido “Los Tomates”.
En éste maravilloso libro “La historia de Matamoros” José Raúl Canseco nos menciona que si uno sube a la atalaya de la Casamata, se puede observar la panorámica estratégica que tiene el norte, y es que desde ahí se puede divisar perfectamente el Fuerte Brown de la vecina ciudad de Brownsville, de donde partían las tropas que invadieran Matamoros durante la intervención norteamericana. A partir de ahí, es notable la suma importancia que tuvo la Casamata, desde cuyas impenetrables paredes eran cañoneadas por las tropas invasoras.
También fue el punto de apoyo del General Francisco Avalos para abatir a las fuerzas del General José María Carvajal durante el año de 1851, cuando un grupo de filibusteros texanos contratados por Carvajal intentaran a toda costa tomar la plaza de Matamoros y donde la participación del pueblo reforzando al General Avalos, en defensa de la soberanía e Integridad Nacional, le valieran a la ciudad los títulos de LEAL, INVICTA Y HEROÍCA.
Y sigo insistiendo, señores… ¿Qué pasó con aquella lealtad Matamorense? ¿Dónde quedó o más bien, qué fue lo que quedó de nuestra ciudad?
A veces pienso que los valores que cuando niño se me hacían tan comunes y necesarios para la vida cotidiana, sólo existieran en estos relatos o en las novelas de Alejandro Dumas, por mencionar uno…
Valor… Lealtad… Honor… Y Patriotismo… Son sólo algunos de los valores que me atrevo a decir, ya no existen en nuestra sociedad Matamorense, pero bueno, esa es otra historia…
Continuará….



