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UNA PLAZA DE TOROS Y LOS “AMEXICANOS”

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Mario Ramos

¿Quién no recuerda la idea de la plaza de toros de nuestro flamante alcalde? Ocurrió en una entrevista durante un programa de esos que se jactan del más alto profesionalismo —de esos que hoy llaman “fifís—, no obstante, el profesionalísimo entrevistador más que cuestionar sólo aplaudió la exclusiva. Pareciera como que tanta profesionalidad ha llegado a atrofiar el sentido crítico de muchos periodistas.

Me pregunto —sin ser periodista profesional— ¿De dónde surge la idea de que una plaza de toros funcionaría como centro de nuestra cultura? ¿Servirían paella argumentando que se trata de un platillo mexicano?

Aprovecho para explicar mi encabezado: cuando algo carece de normalidad, se utiliza el prefijo “a” para señalarlo, y termina llamándosele “anormal”. Lo mismo podemos utilizar para referirnos a la clase política que predomina en el país. Muchos, al dar señales de su falta de mexicanidad, también corren riesgo de llamarse “amexicanos”.

Ya los hemos visto con sus bonitas guayaberas y los más vistosos huipiles. Cómo construyen sus figuras en las campañas, tomándose fotos siendo gentiles con las comunidades originarias, asistiendo a ceremonias ancestrales sin tener una idea del significado de éstas. Pero es pura fanfarria. Siempre resultan tan patriotas y conocedores de nuestra cultura como el nopal lo es azul y terso.

Ya no es ninguna sorpresa descubrir que bastantes viven en el extranjero, que les gusta comer allá y allá mismo mantienen a sus familias, como si esta tierra que pretenden gobernar estuviera envenenada y no fuera digna de su estirpe.

Ya cimentados, luego de hacerse con los votos en las urnas, es cuando la “amexicanidad” les aflora, no lo pueden ocultar. Para ejemplo está este otro que afirmó que la corrupción forma parte de la cultura en nuestro país. ¿De qué cultura hablaba, si ni quiera alcanzó a leer tres libros a lo largo de su vida?

Pero no toda la culpa es de estos accidentados personajes que llegan al poder, bastante responsabilidad —sino es que toda— reside en el “pueblo sabio”. Nosotros somos quienes les permitimos el honor de representarnos. Y ahí, precisamente en el pueblo, se encuentra la paradoja.

¿Qué es lo que buscamos en un gobernante, en un senador o en un diputado? ¿Buscamos a un candidato que sea mexicano hasta los huesos? No lo creo así, de otra manera, las filas para cruzar al “otro lado” no serían tan largas y pacientes. Y es de admirarse la paciencia que tienen los ciudadanos con tal de verse en el país de las barras y las estrellas. Las imágenes de las garitas lo dicen todo: casi nadie viene y todos van. Como que si los puentes internacionales se abrieran el país entero se vaciaría de mexicanos.

Entonces ¿quién vota por estos “amexicanos” de la vida política? ¿Mexicanos que no quieren vivir en México? El problema, así, cobra dimensiones antropológicas muy profundas, y no sólo políticas.

Mientras tanto, los candidatos de esta jornada en el norte ya armaron sus pegajosos jingles, ya se tomaron fotos agitando las banderas de sus colores, y los más oscuros ya han sido captados entregando el infame “frijol con gorgojo”. No entienden, de verdad que no entienden. Recorren las colonias con una fuerte gritadera, y al final sus ruidos y porras son lo mismo: suenan mucho, pero suenan hueco.

Quizá sí haya una forma de terminar con estos políticos de quinta, y será acaso despojándonos de nuestro malinchismo como ciudadanos. Pues ¿cómo exigirles a nuestros dirigentes que sirvan al pueblo cuando nosotros mismos nos pelamos por irnos de aquí, cuando preferimos lo extranjero sobre lo nacional?

La respuesta se encuentra en la información, a través del interés por nuestra tierra y fortaleciendo el amor por nuestras costumbres, nuestra cultura. Leyendo, viendo documentales, volviendo a leer y releyendo una vez más. La dinámica guarda bastante paralelo con la de “la oferta y la demanda”: sólo con el surgimiento de una ciudadanía más culta y patriota, es que comenzarán a aparecer políticos más inteligentes, menos traidores a la nación, menos “amexicanos”.

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