Crisis económica “pega” a piñaterías durante temporada decembrina

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Dalton Ramírez, propietario de Piñatería “Ramírez” afirma convencido que en las escasas ventas registradas durante la pasada Nochebuena y Navidad, no existe otra razón atribuible que la crisis económica que ha “pegado” a las familias y por ello durante la celebración y fiestas no hubo piñatas acompañando los festejos.

Y prosigue en tono preocupado que los precios de las piñatas no son la causa, pues desde hace dos años ha mantenido casi los mismos precios que van desde las económicas en 250 pesos a las de mil a mil 500 pesos, y estas últimas cuando se trata de pedidos especiales por los clientes y algunas de edición especial como las piñatas de 12 picos que solamente son para la celebración del Año Nuevo y que Piñatería “Ramírez” vende en forma exclusiva.

“No es por los precios, siempre hemos sido accesibles con los precios, pero de plano no hay ventas y son muy pocos quienes las solicitan”, asienta.

Un buen día de ventas puede ser cuando se comercializan un promedio de 20 a 30 piñatas, pero actualmente con apuros, apenas y se logran vender alrededor de unas 5 o 10, es decir el impacto en las ventas ha sido lesivo.

LA TRADICION
La costumbre de romper piñatas data desde la época posterior a la colonización del Continente, en donde los misioneros católicos al imponer la religión católica a los nativos, recrearon a través de personificar y evocar pasajes relacionados con la Biblia.

Según la tradición la piñata contiene en sus picos los 7 pecados capitales por los cuales Jesús ofrendó su vida para el perdón de los humanos y al destruirla se libera esa carga, son rellenadas por dentro con dulces y “colación” que representan la abundancia que se espera en el nuevo año por iniciar.

Son esenciales en las posadas de temporada, pues acompañan el pasaje del nacimiento de Jesús al encontrar José y María alojo para concretar su nacimiento y en la celebración se proceder a romper la piñata que es atribuida al “Diablo” al romperla es vencida junto con los pecados.

Hugo Reyna